El Hyuuga no tardó nada en llegar a casa, entusiasmado. Se adentró en el salón y vio al Uchiha aún allí, lo cual se acercó y sin preámbulos cogió la cerveza y la abrió. Itachi parpadeó levemente.
-Sonrisa de oreja a oreja... ¿Te dio su bendición?- Sonrió el Uchiha, preparando la lata que él tenía para el brindis.
-Conseguí razonar con Doku, ya me he quitado ese problema de encima...- Chocó su lata con la de él, sin borrar aquella ladeada sonrisa. El Uchiha bebió un sorbo.
-Dime, ¿qué te gusta de ella?- Alzó una ceja, sonriente.
-Bueno... es bastante atractiva, pero no me gusta sólo por su físico, no pienses mal. Desde el principio, al ver su carácter fuerte y algo.. agresivo, supe que realmente sólo era una coraza. En verdad es bastante sensible y frágil... es alguien a quien hay que proteger a toda costa, alguien que necesita más cariño, y eso es lo que yo le daré... si me acepta, claro.- Suspiró levemente, aún con aquel rubor.
-¿A caso lo dudas?- Soltó una pequeña risilla. -No seas idiota, hay muchas chicas detrás de ti, fijo que ella es una.
-No sé... es difícil, además...- Borró la pequeña sonrisa al recordar las palabras de Doku. -Ésta vez será Hebi quien me de la patada...- Le miró, volviendo a beber. -Eso es lo que me dijo Doku. Quizá ella no...-
El Uchiha se sorprendió, dejando la lata en la mesa. -Vamos, vamos... Tú mismo has dicho que es difícil, pero no por ello es imposible. No te preocupes, no creo que vaya a pegarte una paliza, y si te rechaza.. ella se lo pierde, y más adelante volverás a intentarlo tras demostrarle lo que se estaba perdiendo.- Comentó, suspirando levemente. Luego se levantó. -Lo que ella no sabe es que no te rindes fácilmente.-
-Supongo que tienes razón...- Suspiró el Hyuuga. -Siento entretenerte, tienes que hacer las maletas.-
-Ya sabes, cuando des el paso, me avisas. Quiero todos los detalles.~- Posó una mano en su hombro, sonriendo.
-Creo que lo haré mañana, hoy está haciendo un trabajo con tu hermano, no quiero molestarla...- Sonrió un poco, sentado. Luego, se levantó. -No bebas mucho a donde quiera que vayas, ya me contarás cómo fueron los negocios.-
-Claro, hasta otra.- Finalmente el Uchiha se marchó de allí y Daichi soltó un suspiro. Mañana. Era lo que no se le quitaba de la cabeza. Y, mientras investigaba un poco el trabajo que les encomendó Orochimaru, vio que terriblemente el día pasó volando. Por la noche, a pesar de que pensaba en ello, logró dormir con calma.
Por la mañana se levantó unos minutos antes de que el despertador sonara, fue vistiéndose y demás y luego desayunó, pensando en cómo le diría lo que siente a Hebi. Se le ocurrió un plan, pero uno bastante sencillo, no quería agobiarla ni ser cursi, no iba con él. Una vez estuvo preparado para irse al instituto, se puso en marcha. Pero se le ocurrió pasar por casa de Hebi para que fueran juntos, ya no había ningún problema. Así aprovecharía para poner en marcha su plan. Una vez que estuvo en la puerta de aquella chica, la tocó
Al poco salieron ambos peliazules, Hebi se sorprendió ligeramente al verle. Tras darse los
buenos días, comenzaron a andar hacia el instituto.
-Bueno.. ¿qué tal os va el trabajo de biología..?- Preguntó el Hyuuga, para romper el silencio. Hebi suspiró.
-Es bastante pesado, pero ya lo terminamos ayer... Casi me da algo.- Se quejó, sin dejar de andar. -Ese profesor es muy raro...
-A nosotros nos queda aún, pero hemos avanzado bastante..- Respondió Doku, desinteresado.
-Ah...- Miró a Hebi. -Entonces, si estás libre... ¿Quieres que esta tarde vayamos a tomar algo? Así me cuentas cómo hicieron el trabajo, nosotros estamos... un poco perdidos.- Todo aquello fue improvisado. No le gustaba mentir, no lo hizo del todo. La peliazul parpadeó levemente.
-Uh..sí, pero invitas tú.- Aclaró, mientras continuaba andando. El Hyuuga suspiró y aceptó, con una ligera sonrisa ladeada. -A las seis ya tendría hambre.-
-A las seis entonces.- Dijo, sonriendo. El peliazul se mantuvo callado desde entonces, hasta que finalmente llegaron al instituto. Daichi estaba tranquilo, pero sin poder evitar pensar en todo aquello.
Tomaron asiento y comenzaron las clases. Ese día Hebi empezó a sentarse sola por la marcha de Sasuke, pero Daichi aprovechó la ocasión y, con permiso de su tutor Kakashi, fue sentándose a su lado hasta que llegara Sasuke, para ayudarla con cualquier duda que tenga. Todo iba perfecto. Así transcurrieron las tres primeras horas y llegó el recreo, en el que sin poder evitarlo, todos echaron en falta a cierto pelinegro.
El recreo transcurrió de forma normal, como cualquier día, aunque algunos sacaron el tema de Sasuke y se preguntaban cómo estaría. Volvieron a clase y las tres últimas horas fueron demasiada lentas, sobre todo la última hora; biología. Hebi fue la única que entregó aquel dichoso trabajo, pues tuvo que hacerlo a toda prisa y de sopetón en el día anterior. El profesor se sorprendió ligeramente, pero ya estaba informado de la marcha de Sasuke y soltó su sonrisa de siempre, recogiendo aquel trabajo. En esa hora, Daichi estaba sentado con su pareja de trabajo.
Al fin acabó la jornada escolar, y al fin iba a llegar aquel momento. Sólo unas horas más, y podría al fin tenerla y hacerla feliz, tanto como lo estaría él. Sólo unas horas más, y por fin podría estar con ella en sus brazos. Todos se fueron dirigiendo a sus respectivas casas, y Daichi cogió el teléfono móvil que guardaba en su bolsillo para llamar a su mejor amigo y ponerle al tanto, contarle lo que ocurriría justo a las seis de la tarde, mientras se dirigía a casa. Quizá, estaba siendo muy optimista. O quizá sólo se conformaba con que Hebi supiera sus sentimientos.
miércoles, 25 de diciembre de 2013
viernes, 20 de diciembre de 2013
Konoha's School - 19 - Despedida y esperanza
-¿¡Por qué te vas!? ¡No es justo!- Exclamó Naruto, atónito por las palabras de su amigo. Éste soltó un suspiro.
-Son cosas de la empresa familiar, mi hermano y yo tenemos que salir del país, serán dos semanas.- Explicó, mirándoles. -Sólo quería avisaros, no puedo decir los detalles.- Dijo con su misma frialdad, sin vacilar.
A Daichi casi le da algo al pensar que también se iba Itachi. Había perdido a su apoyo incondicional durante dos semanas. ¿Quién le aconsejará ahora para conquistar a Hebi, o quién le meterá en encerronas con ella? Se iba a sentir muy inseguro sin él, pero luego recordó que podría pedírselo por teléfono, aunque no sería lo mismo, podría valer. Soltó un sonoro suspiro.
-Pero no es nada grave, ¿no?- Preguntó Kiba, parpadeando levemente. Era más comprensivo, no como Naruto. -Mientras vuelvas.. te prepararemos una fiesta de bienvenida, Sasuke.- Sonrió.
-¡Ah, podríamos haberle hecho una de despedida!- Exclamó Naomi. -¡Deberías haber avisado antes, Sasuke!-
Y así pasó el recreo. Fue inundado a preguntas y demás, se sentía frustrado. Él no quería irse, pero era su responsabilidad, y la de Itachi, ya que al morir sus padres la empresa quedó en sus manos. Todos estuvieron pensando en lo ocurrido, y ahora Daichi tenía dos preocupaciones encima. El tema Sasuke, y el tema Hebi. Tenía que hablar con Doku antes de hacer nada, tenía que convencerle, y quería que hoy fuera ese día. Planeaba qué decirle y demás en aquellas horas restantes, hasta que finalmente, su corazón dio un vuelco al sonar el timbre que indicaba ya el final de la jornada escolar. Ya llegó el momento para aclararlo todo, para por fin dar el paso y declarársele a Hebi de una vez. Ahora que no tenía a su mejor amigo, debía ser fuerte.
Cuando se dio cuenta, ya casi todos habían salido de la clase. Rápidamente recogió sus cosas y se levantó, salió de la clase y buscó con la mirada a los peliazules. Les perdió de vista, lo cual, soltó un largo suspiro. Pensó que sería mejor hacerlo por la tarde, así que se dirigió a su casa, con paso algo pesado.
De camino a su casa, al ver no muy lejos a su amigo esperando en su coche, aligeró el paso y se acercó rápidamente. Sacó también las llaves, abriendo la puerta de casa. Itachi, entró tras él y cerró la puerta tras de sí.
-Oye, que tengo que contarte una cosa...- Dijo Itachi, rascándose la nuca. Mientras, el Hyuuga iba dejando la maleta en el sofá, con rapidez.
-Sé que os vais a ir, tú y tu hermano. Ne..necesito que me des un pequeño consejo, estoy decidido.- Dijo, sentándose. -Voy a dar el paso.- El Uchiha alzó una ceja y fue hacia la cocina con total libertad, cogió un par de cervezas y se acercó, sentándose a su lado. Le ofreció una de las cervezas.
-Ya veo lo que te importa nuestra amistad, que ni si quiera sufres mi marcha.- Bromeó, abriendo la lata con una mano. El Hyuuga no tardó nada en coger la lata para él, pero la dejó en la mesa del salón.
-No es la primera vez que me dejas solo, Itachi.- Dijo, sonriendo de lado.
-Dudo que ésta vez puedas sobrevivir sin mí.- Le dio un sorbo a la cerveza. -Vamos... dispara.-
-Bueno... he decidido hablar con Doku, ya que es el mayor problema, por llamarlo así... Y una vez hable con él y sepa lo que siento por Hebi y vea que no tengo malas intenciones...- Se interrumpió, cogiendo aire. -Se lo diré a Hebi. Le diré todo lo que siento por ella. Y creo que ahora mismo iré a su casa a hablar con Doku.
-Entiendo... al fin vas a dar el paso, entonces. Adelante, brindaré por ti, ya me contarás.- Dijo, bebiendo otro sorbo.
-¿No... no haré nada mal?- Parpadeó levemente al ver que su amigo no le reprochaba nada.
-No, no. Ésta vez estás bastante seguro, no dudas. Aah, cómo has crecido.- Bromeó, con una ligera sonrisa. -Vamos, que quiero ver a esa peliazul en tus brazos de una vez, te lo mereces.-
El Hyuuga se sorprendió ligeramente, para luego sonreír. Alzó un puño y ambos se lo chocaron, para luego levantarse. -Iré después de comer, no quiero interrumpirles la comida. Te invito a comer.- Dijo, mientras se dirigía a la cocina. El Uchiha aceptó encantado, pues su hermano comería acompañado de cierta peliazul para acabar aquel dichoso trabajo, y allí estaban, comiendo. Doku comía con tranquilidad, no sabía lo que se le venía encima.
Para el Hyuuga el mediodía pasó volando. A una buena hora decidió partir a casa de los peliazules, con los ánimos y la motivación a tope. Ya se vio en frente de la puerta. Cogió aire y, sin más, acabó tocando el timbre. Al poco tiempo, no tardó en abrir Doku, que se sorprendió al verle, frunciendo luego el ceño.
-Hebi no está.- Dijo sin más, mirándole.
-No.. no quería ver a Hebi. Quería hablar contigo.- Dijo con total firmeza, mirando al peliazul, decidido. -Es importante.- El peliazul soltó un pesado suspiro y se mantuvo neutral. Le dejó pasar. Ambos fueron hacia el salón y tomaron asiento.
-No te enrolles.- Dijo sin más, algo despreocupado. El Hyuuga volvió a coger aire cerrando un momento los ojos, para al fin, empezar a hablar.
-Verás, Doku... Lo diré sin preámbulos. Estoy enamorado de Hebi. Quiero empezar una relación con ella, si ella quiere... quiero que sepa cuánto la he amado desde que entrasteis por la puerta de clase. Y... en ningún momento quiero apartarte de Hebi. Quiero hacer las paces contigo, y que... me des tu bendición, que me des una oportunidad para ser realmente feliz. Nunca le haré daño.- Comentó, con la mirada clavada en los ojos del azulado, serio. Éste se mantuvo un momento callado.
-...Tú mismo. Adelante.- Sorprendentemente, aceptó sin más. -No te impediré nada. Mientras no le hagas daño.- Dijo mientras se levantaba. -Ahora, si me disculpas... Tengo un trabajo que hacer.- El Hyuuga quedó anonadado, atónito. Todo estaba yendo perfecto. Asintió con la cabeza y se levantó, para luego tenderle la mano.
-Gracias, Doku.- El azulado suspiró nuevamente y estrechó su mano, para luego dirigirse hacia la puerta para que se marchara. Pero, antes de cerrar la puerta, advirtió.
-Eso sí ... ésta vez, será Hebi quien te dé la patada.- Dijo sin más, viendo la reacción de sorpresa del Hyuuga. -Adiós.- Cerró la puerta, finalmente.
Daichi se quedó un momento en la puerta, aún sorprendido por aceptarle y por su última frase. No pudo evitar sonreír ante el gran peso que se había quitado de encima. Fue muy sencillo, tenía que celebrarlo. Su felicidad estaba más cerca. Corrió a toda prisa de vuelta a casa, realmente animado. Pero... quizá estaba siendo muy optimista.
-Son cosas de la empresa familiar, mi hermano y yo tenemos que salir del país, serán dos semanas.- Explicó, mirándoles. -Sólo quería avisaros, no puedo decir los detalles.- Dijo con su misma frialdad, sin vacilar.
A Daichi casi le da algo al pensar que también se iba Itachi. Había perdido a su apoyo incondicional durante dos semanas. ¿Quién le aconsejará ahora para conquistar a Hebi, o quién le meterá en encerronas con ella? Se iba a sentir muy inseguro sin él, pero luego recordó que podría pedírselo por teléfono, aunque no sería lo mismo, podría valer. Soltó un sonoro suspiro.
-Pero no es nada grave, ¿no?- Preguntó Kiba, parpadeando levemente. Era más comprensivo, no como Naruto. -Mientras vuelvas.. te prepararemos una fiesta de bienvenida, Sasuke.- Sonrió.
-¡Ah, podríamos haberle hecho una de despedida!- Exclamó Naomi. -¡Deberías haber avisado antes, Sasuke!-
Y así pasó el recreo. Fue inundado a preguntas y demás, se sentía frustrado. Él no quería irse, pero era su responsabilidad, y la de Itachi, ya que al morir sus padres la empresa quedó en sus manos. Todos estuvieron pensando en lo ocurrido, y ahora Daichi tenía dos preocupaciones encima. El tema Sasuke, y el tema Hebi. Tenía que hablar con Doku antes de hacer nada, tenía que convencerle, y quería que hoy fuera ese día. Planeaba qué decirle y demás en aquellas horas restantes, hasta que finalmente, su corazón dio un vuelco al sonar el timbre que indicaba ya el final de la jornada escolar. Ya llegó el momento para aclararlo todo, para por fin dar el paso y declarársele a Hebi de una vez. Ahora que no tenía a su mejor amigo, debía ser fuerte.
Cuando se dio cuenta, ya casi todos habían salido de la clase. Rápidamente recogió sus cosas y se levantó, salió de la clase y buscó con la mirada a los peliazules. Les perdió de vista, lo cual, soltó un largo suspiro. Pensó que sería mejor hacerlo por la tarde, así que se dirigió a su casa, con paso algo pesado.
De camino a su casa, al ver no muy lejos a su amigo esperando en su coche, aligeró el paso y se acercó rápidamente. Sacó también las llaves, abriendo la puerta de casa. Itachi, entró tras él y cerró la puerta tras de sí.
-Oye, que tengo que contarte una cosa...- Dijo Itachi, rascándose la nuca. Mientras, el Hyuuga iba dejando la maleta en el sofá, con rapidez.
-Sé que os vais a ir, tú y tu hermano. Ne..necesito que me des un pequeño consejo, estoy decidido.- Dijo, sentándose. -Voy a dar el paso.- El Uchiha alzó una ceja y fue hacia la cocina con total libertad, cogió un par de cervezas y se acercó, sentándose a su lado. Le ofreció una de las cervezas.
-Ya veo lo que te importa nuestra amistad, que ni si quiera sufres mi marcha.- Bromeó, abriendo la lata con una mano. El Hyuuga no tardó nada en coger la lata para él, pero la dejó en la mesa del salón.
-No es la primera vez que me dejas solo, Itachi.- Dijo, sonriendo de lado.
-Dudo que ésta vez puedas sobrevivir sin mí.- Le dio un sorbo a la cerveza. -Vamos... dispara.-
-Bueno... he decidido hablar con Doku, ya que es el mayor problema, por llamarlo así... Y una vez hable con él y sepa lo que siento por Hebi y vea que no tengo malas intenciones...- Se interrumpió, cogiendo aire. -Se lo diré a Hebi. Le diré todo lo que siento por ella. Y creo que ahora mismo iré a su casa a hablar con Doku.
-Entiendo... al fin vas a dar el paso, entonces. Adelante, brindaré por ti, ya me contarás.- Dijo, bebiendo otro sorbo.
-¿No... no haré nada mal?- Parpadeó levemente al ver que su amigo no le reprochaba nada.
-No, no. Ésta vez estás bastante seguro, no dudas. Aah, cómo has crecido.- Bromeó, con una ligera sonrisa. -Vamos, que quiero ver a esa peliazul en tus brazos de una vez, te lo mereces.-
El Hyuuga se sorprendió ligeramente, para luego sonreír. Alzó un puño y ambos se lo chocaron, para luego levantarse. -Iré después de comer, no quiero interrumpirles la comida. Te invito a comer.- Dijo, mientras se dirigía a la cocina. El Uchiha aceptó encantado, pues su hermano comería acompañado de cierta peliazul para acabar aquel dichoso trabajo, y allí estaban, comiendo. Doku comía con tranquilidad, no sabía lo que se le venía encima.
Para el Hyuuga el mediodía pasó volando. A una buena hora decidió partir a casa de los peliazules, con los ánimos y la motivación a tope. Ya se vio en frente de la puerta. Cogió aire y, sin más, acabó tocando el timbre. Al poco tiempo, no tardó en abrir Doku, que se sorprendió al verle, frunciendo luego el ceño.
-Hebi no está.- Dijo sin más, mirándole.
-No.. no quería ver a Hebi. Quería hablar contigo.- Dijo con total firmeza, mirando al peliazul, decidido. -Es importante.- El peliazul soltó un pesado suspiro y se mantuvo neutral. Le dejó pasar. Ambos fueron hacia el salón y tomaron asiento.
-No te enrolles.- Dijo sin más, algo despreocupado. El Hyuuga volvió a coger aire cerrando un momento los ojos, para al fin, empezar a hablar.
-Verás, Doku... Lo diré sin preámbulos. Estoy enamorado de Hebi. Quiero empezar una relación con ella, si ella quiere... quiero que sepa cuánto la he amado desde que entrasteis por la puerta de clase. Y... en ningún momento quiero apartarte de Hebi. Quiero hacer las paces contigo, y que... me des tu bendición, que me des una oportunidad para ser realmente feliz. Nunca le haré daño.- Comentó, con la mirada clavada en los ojos del azulado, serio. Éste se mantuvo un momento callado.
-...Tú mismo. Adelante.- Sorprendentemente, aceptó sin más. -No te impediré nada. Mientras no le hagas daño.- Dijo mientras se levantaba. -Ahora, si me disculpas... Tengo un trabajo que hacer.- El Hyuuga quedó anonadado, atónito. Todo estaba yendo perfecto. Asintió con la cabeza y se levantó, para luego tenderle la mano.
-Gracias, Doku.- El azulado suspiró nuevamente y estrechó su mano, para luego dirigirse hacia la puerta para que se marchara. Pero, antes de cerrar la puerta, advirtió.
-Eso sí ... ésta vez, será Hebi quien te dé la patada.- Dijo sin más, viendo la reacción de sorpresa del Hyuuga. -Adiós.- Cerró la puerta, finalmente.
Daichi se quedó un momento en la puerta, aún sorprendido por aceptarle y por su última frase. No pudo evitar sonreír ante el gran peso que se había quitado de encima. Fue muy sencillo, tenía que celebrarlo. Su felicidad estaba más cerca. Corrió a toda prisa de vuelta a casa, realmente animado. Pero... quizá estaba siendo muy optimista.
sábado, 8 de junio de 2013
Konoha's School - 18 - La noticia
Hebi se había sentado en el sofá junto a Doku. Había un silencio enorme, por no decir que parecía eterno. Ninguno se atrevía a hablar, y ni si quiera fueron capaces de dirigirse la mirada. Finalmente, la peliazul se atrevió a hablar.
-Oe... Kuku... siento haberte dado la cachetada, estaba furiosa. Nunca creí que harías algo así.- Alzó una mano y se la puso en el hombro al chico, mirándole. La tristeza invadía los ojos del joven, que aún mantenía la mirada baja. El peliazul, sin mediar palabra, abrazó a Hebi con fuerza, escondiendo el rostro en su hombro. Ella, sorprendida, correspondió el abrazo.
-Te..tenía miedo, de que me dejaras de lado por él...- Murmuró el joven, sin intención de soltarla. Ella acarició su pelo, tampoco tenía intención de soltarle. Hebi esbozó una pequeña sonrisa.
-Kuku celoso... Nunca pensé que te vería así.- Amplió la sonrisa, removiendo levemente su pelo. -Nunca te dejaré de lado, bobo. Sabes que eres mi querido hermanito, mi "guardaespaldas" cabezota...y al parecer ahora un ligón.- Dijo aquello último al recordar a la joven de antes. -¿Quién es ella?-
-¿Li...ligón?- Alzó la mirada para ver a la joven, extrañado. Parpadeó levemente y lo comprendió al saber que se refería a la joven de antes. -Ah, ella... No sé quién es... Creo, que me topé con ella estando borracho y me llevó a casa. Cuando desperté, salió de casa corriendo, y me dio por seguirla... y menos mal que lo hice, estaba en peligro. Dos tipos intentaban violarla, y la salvé. -Se encogió de hombros al recordar el "mote" que tenía ahora por las calles, "el aliado de los akatsuki".-
-Vaya.. Pues te convertiste en su héroe.- Dijo, sonriendo. Acarició su mejilla y volvió a abrazarle. Estuvieron charlando un rato, habían hecho las paces. Mientras, Daichi y Hanako hablaban, mientras éste la acompañaba a casa.
-Así que... Te gusta Doku, ¿uh?- Preguntó Daichi, curioso. , La manera de hablar de la joven y su intento de evitar el tema la había delatado. -A primera vista.- Añadió, con una pequeña sonrisa en sus labios.
-¡De eso nada! ¡N-no me gusta! -Exclamó ella, y en cuanto vio que su casa estaba a un paso corrió hacia la entrada y entró, cerró casi de un portazo. El Hyuuga se quedó perplejo ante aquella reacción. Soltó un leve suspiro y se dirigió a su casa, pensando en lo ocurrido y en su momento con Hebi. No pudo evitar pensar en echarle una "regañina" a Itachi por provocar ese tipo de situaciones, pero realmente quería agradesérselo.
Pasó el siguiente día, y los peliazules ya estaban entrando en el instituto. Antes de que ambos entraran a la clase, llegó Sasuke un tanto apresurado.
-¡Hebi!- Exclamó éste, llegando hasta ellos. Ambos le miraron, confusos.
-¿Ocurre algo, guaperas?- Preguntó, parpadeando levemente. Doku no pudo evitar ver a la joven de anoche, pero no dijo nada. Sólo se limitó a entrar a clase.
-Debemos terminar el trabajo de biología hoy, así que iremos a mi casa según salgamos del instituto. ¿Te parece?- Dijo él, ignorando el cómo le había llamado. Ella iba a quejarse, pero éste la silenció interrumpiéndola. -Es importante, es mi último día.- Tras decir esto y ver que Orochimaru llegaba, se adentró en la clase aprisa, arrastrando a Hebi con él. Ella estaba totalmente confusa.
¿Último día? Estuvo toda la hora pensando en aquellas palabras, mientras desarrollaba el trabajo con él en aquella corta hora. Ella trató de preguntarle a qué se refería con aquello, pero sólo tuvo una respuesta: Ya te explicaré en la hora del recreo.
Las tres primeras horas fueron eternas para Hebi, y había notado que el Uchiha estaba muy despistado, pensando en a saber qué, y bastante serio y frívolo, más de lo normal. Al fin llegó la hora del recreo, la deseada hora del recreo. Hebi se apresuró a salir, y Doku estaba extrañado por ello. Fue con ella, y tras ellos fue Daichi, también estaba confuso. El ambiente estaba bastante tenso.
Una vez todos reunidos, Sasuke tomó la palabra, para contar lo que debía aclarar, sólo Hebi estaba preocupada por lo que iba a decir, pues los demás no sabían la razón.
-Debo contaros algo, chicos. Y cuanto antes lo sepáis, mejor. Fue... algo repentino.- Todos le prestaron atención, con una gran curiosidad encima, pero al mismo tiempo preocupados por la expresión del joven. -Voy a marcharme una temporada, de la ciudad. Me iré mañana a primera hora, hoy debo tenerlo todo listo...- Dijo finalmente, con la mirada frívola y desviada, evitando mirar la expresión de sus amigos.
Todos quedaron atónitos. ¿Irse? ¿Cuánto tiempo? ¿Por qué debía irse? La expresión de su rostro no reflejaba nada bueno, y todos necesitaban una buena explicación.
-Oe... Kuku... siento haberte dado la cachetada, estaba furiosa. Nunca creí que harías algo así.- Alzó una mano y se la puso en el hombro al chico, mirándole. La tristeza invadía los ojos del joven, que aún mantenía la mirada baja. El peliazul, sin mediar palabra, abrazó a Hebi con fuerza, escondiendo el rostro en su hombro. Ella, sorprendida, correspondió el abrazo.
-Te..tenía miedo, de que me dejaras de lado por él...- Murmuró el joven, sin intención de soltarla. Ella acarició su pelo, tampoco tenía intención de soltarle. Hebi esbozó una pequeña sonrisa.
-Kuku celoso... Nunca pensé que te vería así.- Amplió la sonrisa, removiendo levemente su pelo. -Nunca te dejaré de lado, bobo. Sabes que eres mi querido hermanito, mi "guardaespaldas" cabezota...y al parecer ahora un ligón.- Dijo aquello último al recordar a la joven de antes. -¿Quién es ella?-
-¿Li...ligón?- Alzó la mirada para ver a la joven, extrañado. Parpadeó levemente y lo comprendió al saber que se refería a la joven de antes. -Ah, ella... No sé quién es... Creo, que me topé con ella estando borracho y me llevó a casa. Cuando desperté, salió de casa corriendo, y me dio por seguirla... y menos mal que lo hice, estaba en peligro. Dos tipos intentaban violarla, y la salvé. -Se encogió de hombros al recordar el "mote" que tenía ahora por las calles, "el aliado de los akatsuki".-
-Vaya.. Pues te convertiste en su héroe.- Dijo, sonriendo. Acarició su mejilla y volvió a abrazarle. Estuvieron charlando un rato, habían hecho las paces. Mientras, Daichi y Hanako hablaban, mientras éste la acompañaba a casa.
-Así que... Te gusta Doku, ¿uh?- Preguntó Daichi, curioso. , La manera de hablar de la joven y su intento de evitar el tema la había delatado. -A primera vista.- Añadió, con una pequeña sonrisa en sus labios.
-¡De eso nada! ¡N-no me gusta! -Exclamó ella, y en cuanto vio que su casa estaba a un paso corrió hacia la entrada y entró, cerró casi de un portazo. El Hyuuga se quedó perplejo ante aquella reacción. Soltó un leve suspiro y se dirigió a su casa, pensando en lo ocurrido y en su momento con Hebi. No pudo evitar pensar en echarle una "regañina" a Itachi por provocar ese tipo de situaciones, pero realmente quería agradesérselo.
Pasó el siguiente día, y los peliazules ya estaban entrando en el instituto. Antes de que ambos entraran a la clase, llegó Sasuke un tanto apresurado.
-¡Hebi!- Exclamó éste, llegando hasta ellos. Ambos le miraron, confusos.
-¿Ocurre algo, guaperas?- Preguntó, parpadeando levemente. Doku no pudo evitar ver a la joven de anoche, pero no dijo nada. Sólo se limitó a entrar a clase.
-Debemos terminar el trabajo de biología hoy, así que iremos a mi casa según salgamos del instituto. ¿Te parece?- Dijo él, ignorando el cómo le había llamado. Ella iba a quejarse, pero éste la silenció interrumpiéndola. -Es importante, es mi último día.- Tras decir esto y ver que Orochimaru llegaba, se adentró en la clase aprisa, arrastrando a Hebi con él. Ella estaba totalmente confusa.
¿Último día? Estuvo toda la hora pensando en aquellas palabras, mientras desarrollaba el trabajo con él en aquella corta hora. Ella trató de preguntarle a qué se refería con aquello, pero sólo tuvo una respuesta: Ya te explicaré en la hora del recreo.
Las tres primeras horas fueron eternas para Hebi, y había notado que el Uchiha estaba muy despistado, pensando en a saber qué, y bastante serio y frívolo, más de lo normal. Al fin llegó la hora del recreo, la deseada hora del recreo. Hebi se apresuró a salir, y Doku estaba extrañado por ello. Fue con ella, y tras ellos fue Daichi, también estaba confuso. El ambiente estaba bastante tenso.
Una vez todos reunidos, Sasuke tomó la palabra, para contar lo que debía aclarar, sólo Hebi estaba preocupada por lo que iba a decir, pues los demás no sabían la razón.
-Debo contaros algo, chicos. Y cuanto antes lo sepáis, mejor. Fue... algo repentino.- Todos le prestaron atención, con una gran curiosidad encima, pero al mismo tiempo preocupados por la expresión del joven. -Voy a marcharme una temporada, de la ciudad. Me iré mañana a primera hora, hoy debo tenerlo todo listo...- Dijo finalmente, con la mirada frívola y desviada, evitando mirar la expresión de sus amigos.
Todos quedaron atónitos. ¿Irse? ¿Cuánto tiempo? ¿Por qué debía irse? La expresión de su rostro no reflejaba nada bueno, y todos necesitaban una buena explicación.
viernes, 17 de mayo de 2013
Smile - Capítulo 01
Ya estaba en casa, ¡al fin! Además, faltaban dos días, dos días para por fin cumplir ocho años. Realmente aquellos dos días fueron largos, por no decir eternos. Echaba de menos mi casa, mi dulce casa. Me pareció estar media vida metido en el hospital, pero sólo fueron unos insignificantes días que ahora formaban parte del pasado.
Seguía sintiéndome muy raro, y aquel nuevo ojo me daba dolores cada dos por tres. Aquel dolor.. era prácticamente como si sintiera pinchazos en aquel ojo, una y otra vez, una y otra vez, una y otra vez. Me dolía casi todo el tiempo, y sobretodo cuando me enfadaba. Me sentía muy furioso por pequeñas tonterías, por cosas por las que no debería enfadarme. Aun así, lo hacía. Comenzaba a romper cosas, gritar a mis padres y luego encerrarme en mi habitación. El pulso siempre se me aceleraba muchísimo en aquellos momentos, además de el insufrible dolor que sentía en el ojo nuevo.Sin embargo, al fin llegó mi glorioso día, mi cumpleaños.
Había notado que padre y madre se fueron temprano a casa. Iban a comprar mi regalo, eso era lo que yo pensaba una y otra vez con una emoción que invadía todo mi ser. ¿Qué podría hacer? Los segundos me parecían eternos, los minutos.. y las horas. Padre y madre tardaban demasiado. ¿Es que no encontraban mi regalo perfecto? ¿El regalo es bastante grande y pesado, y por ello tardan tanto en volver? También ansiaba que me felicitaran, y que probara un dulce con la vela en forma de ocho. Sí... lo deseaba profundamente. Salí de mi habitación y exploré toda la casa por si lograba verles, pero no habían vuelto. Pensé en buscarme mi propio regalo, así que cogí mis ahorros y me dispuse a salir a la calle, solo. ¿Qué podría comprar? Realmente no sabía qué hacer con aquel dinero ahorrado. Iba visitando las pequeñas tiendas, y todo lo que me gustaba, era demasiado para el dinero que tenía. Sólo una cosa que me llamó la atención, pude comprar, se trataba de una libreta. Me quedé observando aquella libreta, de un color marrón casi negro y con la tapa de piel, seguramente falsa. Aquel aroma que desprendía al abrirla me cautivó, así que me llevé esa libreta. El señor que me atendió se tomó la molestia de envolver mi libreta, era todo un regalo. Con una pequeña sonrisa en el rostro me dirigí a casa, para luego entrar en ella y volver a fijarme en que mis padres no habían vuelto.
Mi casa... era humilde, pero no tanto. La típica casa japonesa, decorada con un suelo fino y de madera, con muebles un tanto viejos y con algunas partes hundidas, aquello lo había hecho yo en mis rabietas. Llegué al comedor y me mantuve allí, sentado y contemplando aquella libreta, como si la analizara. No pude evitar volver a olfatear y sentir aquel agradable olor que desprendía, que la hacía irresistible. Apoyé los codos sobre la mesa de madera y seguí esperando a mis padres, esperando su llegada. Pasaban las horas, y aquel agobiante silencio no cesaba. Estaba recostado sobre la mesa, sin dejar de contemplar aquella libreta. Luego pensé en prepararme algo de comer. ¿Qué podría preparar un chico de casi ocho años?
Decidí prepararme un poco de arroz, ya que tenía hambre.Bajé de la mesa y me dirigí a la cocina, que estaba contigua al comedor. Era una cocina abierta y amplia, pero no demasiado. Con todas las dificultades, y experimentando, logré hacer arroz, pero me salió el tiro por la culata. Me había quedado pastoso y medio pegado, era horrible. Solté un suspiro al ver el aspecto que tenía y me serví aquel arroz en un bol.
Luego le eché un ojo a un paquete de cerillas, así que lo cogí y me dirigí nuevamente al comedor y tomé asiento. Dejé el paquete de cerillas junto a mi libreta, mientras empezaba a comer sin dejar de observarlo.Tenía un pequeño plan, y ya estaba atardeciendo. Dejé de comer y cogí el paquete de cerillas. Me gustaba el tacto que tenía, era tan.. ¿seco? No sabría cómo explicarlo. Despacio, abrí aquel paquete y contemplé las cerillas, un tanto revueltas ya que no quedaban muchas. Cogí una de las cerillas y la deslicé por la lateral de la caja, encendiéndola. Me quedé contemplando aquella llama, que iluminaba aquella zona pues el comedor ya estaba algo oscuro debido al atardecer. Sentía un nudo en la garganta, un nudo muy incómodo y molesto, no quería esa sensación en aquel momento. Sin embargo, no podía evitar sentirme así. Coloqué la cerilla sobre el arroz, se mantenía perfectamente erguida ya que el arroz estaba pastoso. Estuve unos segundos observando aquello, lo que parecía mi primera y única tarta para los ocho años.
No sé por qué, pero en aquel momento me sentí con la necesidad de cantarme la célebre canción que se cantaba en los cumpleaños, la que la familia cantaba a la persona que cumplía años. Comencé a cantarla en voz baja, y mi voz cada vez se iba rompiendo más en sollozos. Al terminar de cantar aquella canción, sin poder evitarlo, las lágrimas invadieron mis ojos y acabaron recorriendo mi mejilla, acabé notando un sabor salado, algunas lágrimas llegaron a mis labios. Volví a sentirme con una rabia inmensa en mi interior, notaba una especie de calor que se esparcía por todo mi cuerpo. Me encogí y temblé levemente, con los ojos cerrados. Volví a abrir los ojos bruscamente y cogí aquel bol que tenía frente a mí, y lo tiré hacia el suelo con brutalidad. El bol se rompió, y lo que era el arroz acabó en el suelo, algo esparcido.
No hice más que gruñir y estaba deseoso de romper cualquier cosa, golpeé varias veces la mesa con el puño sin demasiada fuerza y luego sentí un fuerte pinchazo en el ojo, lo cual me encogí recostándome sobre la mesa y tapando mi ojo con la mano, volviendo a romper a llorar. A pesar de las lágrimas, seguía sintiéndome realmente furioso. Me mantuve recostado sobre la mesa y al final acabé durmiéndome, con las lágrimas esparcidas por mi rostro. No sé cuánto tiempo estuve dormido, pero desperté al notar presencia y al notar un destello, habían encendido la luz del salón. Me reincorporé y al ver a mis padres sonreí, pero inmediatamente la borré al ver a una persona más, era un hombre.
Aquel hombre, de mediana edad, tenía el pelo negro y algo grisáceo, una pequeña barba del mismo tono y los ojos bastante oscuros, mostraba una expresión serena pero amigable. A juzgar por cómo iba vestido, era una persona adinerada, una persona con una buena posición económica. Me levanté y volví a mirar a mis padres, sin comprender lo que pasaba.
-Ryota... Este señor se llama Iroshi, te cuidará durante tus vacaciones...- Dijo mi padre, mirándome. ¿Qué demonios quería decir con aquello? ¿Vacaciones en el día de mi cumpleaños? O me tenían preparado un viaje como regalo, o simplemente tramaban algo que no olía bien. No supe cómo reaccionar ante las palabras de mi padre.
sábado, 11 de mayo de 2013
Konoha's school - 17 - Deseos
Doku acabó durmiéndose durante casi una hora, despertó con dolor de cabeza y al notar una mano, creyó que era Hebi. Al dirigir la mirada hacia la persona que cogía su mano, se sorprendió y la apartó. Ella le miró y se levantó rápidamente, retrocediendo.
-¡Lo..lo siento, ya me voy!- Dijo ella, avergonzada. Luego corrió hacia la puerta y la abrió, dispuesta a salir. Doku se incorporó rápidamente y la siguió.
-O-oe.. ¡espera!- Alzó la voz al ver que se iba la joven y salió, asomándose. Luego soltó un suspiro y se llevó la mano a la cabeza, dolorido. Se mantuvo un rato en la entrada, hasta que decidió seguir a la joven. Fue hacia la misma dirección que ella.
Ella, mientras, iba con paso bastante rápido hacia su casa, arrepintiéndose mil veces de haberse ido sin más y haber perdido la oportunidad de pasar un pequeño rato con el peliazul. Hanako siguió con su paso rápido y pasó por delante de dos chicos, que éstos fumaban y parloteaban. Los típicos niñatos. Ella pasó de largo y éstos se quedaron observándola, se miraron mutuamente con una sonrisa lasciva y decidieron seguirla.
Ella miró hacia atrás al notar unos pasos y se sobresaltó, iba a correr pero ambos impidieron aquello. Uno la inmovilizó por detrás mientras que la tocaba, y el otro se relamía mirándola.
-Qué gatita más rica tenemos por aquí... Hay que aprovecharla ¿verdad?- Dijo el joven que la sujetaba por detrás en su oído, para luego lamer su cuello. Ella trató de escapar desesperadamente, pero eran dos contra uno. El otro joven agarró sus manos con fuerza, mientras que el de atrás había comenzado a subir su camisa.
Doku caminaba con prisas, buscando a la joven. En cuanto vio lo que ocurría no muy lejos de él, corrió hacia ellos y le mandó un fuerte puñetazo a uno de los chicos tras apartarle de ella.
-¡Dejadla!- Exclamó, dejando contra la pared al que había pegado. En cuanto iba a ir a por el otro, éste soltó a Hanako bruscamente.
-¡Tío, que éste el del rumor, el que se alió con los akatsuki!- Exclamó él, retrocediendo. Hanako rápidamente se fue junto a Doku, escondiéndose tras él. El tipo que recibió el golpe, tras recuperarse de éste, no dudó en huir al ver que se trataba de "el aliado de los akatsuki".
-¡No me dejes atrás, cobarde!- Exclamó el restante, corriendo tras él.
Hanako a pesar de que el peligro haya pasado, estaba temblando bastante y llorando, sin moverse de la espalda de Doku. Éste se giró y la miró. Luego, sin más, la abrazó para calmarla.
-Calma... Ya está.- Susurró, sin soltarla. Había pensado en volver a casa con ella, pues no la veía en condiciones de que estuviera sola. La rodeó con el brazo para quitarle el miedo que sentía y comenzó a caminar. Ella seguía igual, sin separarse un momento de él y sin dejar de llorar. Casi se repite la pesadilla que siempre la estuvo atormentando, casi le ocurre lo mismo que aquella vez.
Tras llegar a casa, la llevó al salón y la sentó, sentándose con ella. No tardó en poner su abrigo sobre los hombros de ella, y luego besar su frente. Aquellos gestos de cariño eran muy normales para él, no se daba cuenta de lo avergonzada que estaba ella por aquellos gestos. Pero gracias a aquello, su miedo desapareció y cesó de llorar, secándose luego las lágrimas.
Mientras tanto, Hebi seguía en casa de Daichi, sentada en el sillón. No hablaron casi nada desde aquel abrazo. Realmente Daichi deseaba en aquel momento besarla, acariciarla y decir en su oído lo mucho que la quería, y lo que deseaba que ocurriera aquel momento. Sin embargo, no era capaz de hacerlo. Sólo se limitó a invitarla a comer, ya que sabía que aceptaría porque ella era una auténtica máquina para comer, y tenía bien claro que no rechazaría su oferta.
Tras preparar la comida, la sirvió en dos platos y llamó la atención de Hebi para que fuera al comedor, luego tomaron asiento. La comida tenía muy buena pinta, se trataba de arroz con curri y algunos trozos de carne en él. Hebi se relamió al ver tal plato delante de ella, y aquel olor que invadía su olfato. Él sonrió levemente al verla, y se avergonzó un poco al ver cómo se relamía.
Tras desear buen provecho, ambos empezaron a comer.
-Oye, Hebi... entonces.. tú y Doku os habéis peleado, ¿no?- Preguntó, sin poder evitarlo. Ella dejó de comer al escuharle, encogiéndose levemente.
-Sí...no creí que sería capaz de hacer algo así.- Dijo, para luego seguir comiendo.
-Entonces... ¿volverá a hacerlo?- Volvió a preguntar, sin pensar si quiera si le molestarían las preguntas.
-No pienso dejar que vuelva a hacerlo, luego hablaré con él, con calma... Supongo que entiendo el por qué lo hizo.- Dijo aquello último, soltando un largo suspiro. Antes de que él dijera algo, ella prosiguió. -Soy su única familia... y temía perderme, porque me veía contigo muchas veces. Por eso fue a por ti.- Dijo ella, dirigiendo la mirada hacia él.
Él, en el fondo, se alivió y se alegró bastante. Pensaba que no tenía rival en el amor, pero aun así quería hablar con él y hacer las paces. Finalmente terminaron de comer y Daichi fregó los platos. Hebi ya estaba dispuesta a irse, pero Daichi se ofreció a ir con ella. Era demasiado tarde para que fuera sola. No tuvo más remedio que aceptar y fueron juntos a casa de la peliazul. En cuanto llegaron y Hebi abrió la puerta, se sorprendió al ver a aquella joven con Doku, abrazada a él y dormida en el sillón. No tardó en despertar al escuchar la puerta. Doku también se sorprendió al verles, sobre todo Daichi.
-¿Tú..? ¿Tú eres...?- Preguntaba Daichi, señalando a Hanako. Estaba visto que se conocían, Hanako se ruborizó bastante al ver que el joven la había visto tan frágil. ¿De qué se conocerían?
Se trataba de que eran primos. Hanako se había trasladado hasta hacía poco con su hermana a Konoha, y eso implicaba también entrar al mismo instituto que ellos. Pero ni si quiera Daichi sabía aquello. Hanako decidió que ya tenía que irse y se disculpó ante Doku, luego ante Hebi y finalmente arrastró a Daichi con ella, que éste quería despedirse en condiciones de Hebi. Ella miró la escena y suspiró, cerrando la puerta. Luego se encogió levemente y fue al salón, dirigiendo la mirada al peliazul. Ya era hora de que hablaran con calma.
Konoha's School - 16 - El miedo y la ternura
La peliazul se dirigía a la casa del joven Hyuuga, con paso acelerado y con muy mal humor. Pensar que Doku había hecho tal cosa, la destrozaba por cada segundo. Realmente, casi se pierde, pues no recordaba muy bien dónde estaba la casa de él. Finalmente llegó, o eso creía, y tocó la puerta varias veces, alterada. Itachi al oír que tocaban la puerta, sonrió.
-Deberías abrir tú, Dai. Yo voy al baño, ¿sí?- Tras decir esto, se levantó con la lata de cerveza en la mano y fue al baño, cerrando la puerta.
Él miró cómo se iba y se encerraba en el baño, confuso. El pobre no sabía lo que se le venía encima. Se levantó, dejando la cerveza en la mesa, y se dirigió a la puerta que seguía sonando los golpes en ésta. Tras abrir la puerta, se quedó como la primera vez que irrumpió Hebi en su casa: totalmente sorprendido. Ella entró rápidamente, topándose con él. Él acabó retrocediendo ante la intrusión, con la misma expresión en el rostro.
-¡Tú!- Exclamó ella, dándole un toque en su pecho con el dedo. -¡Tú tampoco pensabas contarme nada! ¡E-estúpido!- Exclamaba, dándole un toque en el pecho con cada palabra que pronunciaba.
-Eh.. Hebi..y-yo...- No sabía qué decir, estaba totalmente anodadado.
-Primero juegas a ser mi guardaespaldas, y segundo, le sigues el secretito a Doku.. ¿Qué demonios os pasa?- Siseó entre dientes, totalmente desquiciada. Aquello era demasiado para un sólo día.
-No.. no jugaba a ser guardaespaldas. Quería protegerte, Hebi.- Dijo él, desviando la mirada. La peliazul no comprendía el por qué.
-No te he pedido que lo hicieras, estúpido. No seas patético.- Rechistó la peliazul, cruzándose de brazos. Itachi, mientras, lo veía y escuchaba todo, con la puerta a penas un poco abierta. Iba justamente como él lo había pensado.
-Soy.. patético. Si soy patético por proteger a la persona que me importa...- Puso las manos sobre los hombros de Hebi, mirándola a los ojos.- ¡Entonces lo soy, Hebi! -Añadió con la voz alzada, y luego, sin más, la abrazó con fuerza.
Ella se quedó totalmente sorprendida, atrapada en los brazos del joven. No pudo evitar ruborizarse, primero porque nadie la abrazaba a parte de Doku, y segundo porque la rozaba la melena de Daichi. Además, sin ella comprenderlo, se le había acelerado el pulso. Aquel momento era crucial, y se podría decir mágico. El abrazo parecía ser eterno, pues Daichi no la soltaba, ni ella se revolvía para escapar de sus brazos.
Mientras, Doku había salido de casa después de que se marchara Hebi y acabó bajo los efectos del alcohol. Se había comprado una botella de un litro, y sólo con esa botella acabó borracho, pues no estaba acostumbrado a beber. Caminaba por la calle, y había una joven que le había visto de hace rato. Se trataba de su admiradora. Aquella joven tenía el pelo medio largo y de un color naranja bastante suave y delicado, además de los ojos grises y un tatuaje que tenía desde un ojo a la mejilla. Al acabar Doku frente a ella, se quedó observándola de arriba a abajo, pues le recordaba a algo por la vestimenta de la joven, que era de tonos marrones y blanco.
-... ¡Puru!- Exclamó Doku y se tambaleó levemente hacia ella, abrazándola. Así es, por aquella vestimenta de tonos marrones y añadiendo la borrachera de Doku, éste la vio como aquel preciado peluche que tuvo de pequeño, se trataba de un mapache que él llamaba Puru.
Ella se ruborizó bastante, muy sorprendida. No pudo hacer otra cosa que dejarse abrazar al escuchar los sollozos del joven.
-Te..tengo miedo..- Murmuró él sin soltarla un momento. Aquellas palabras exactamente las había pronunciado cuando se encontró a Hebi por primera vez, cuando era pequeño. Aquel fue el comienzo de la relación que tenía con la peliazul.
-Eh... tra..tranquilo.- Dijo ella, posando las manos en sus hombros y haciendo que la soltara. -Te..acompañaré a casa. ¿Puedes guiarme?- Preguntó ella, bastante avergonzada.
Él asintió varias veces, aún sollozando. La rodeó con el brazo para apoyarse en ella y fue caminando a casa, tambaleándose levemente. La joven, llamada Hanako, se fijó en que aún tenía la botella en las manos y se la quitó, tirándola a una papelera antes de llegar.
Al llegar a casa, entraron y ella le llevó hacia al salón, para luego recostarle en el sillón. Ella no tenía ni idea de qué hacer, ni qué decir. Estaba realmente avergonzada por la situación. Tras dejarle recostado, esperó a que se durmiera para asegurarse de que no se iría de nuevo por ahí, borracho. Él al verla lejos, extendió un brazo hacia ella.
-Pu..puru.. No me dejes solo..- Murmuró, con la voz totalmente decaída. Ella parpadeó levemente y se acercó, sentándose en el suelo junto a él. Luego le cogió de la mano y sonrió levemente. Por fin se acercaba al chico que deseaba, aquel chico del que se enamoró con tan sólo verle.
Mientras, en casa de Daichi, aquel tierno abrazo acabó, sin embargo había un silencio enorme. El joven Hyuuga desvió la mirada y retrocedió un paso, avergonzado por sus palabras. Hebi realmente no sabía qué decir, y sólo se limitó a hacer lo mismo que él, mirar hacia otro lado. Itachi para romper el silencio, decidió salir. Además ya se había terminado la lata de cerveza. Se acercó y les miró, como si no se hubiera enterado de nada.
-Bueno, Dai. Yo me voy ya. Quedé con los chicos dentro de unos minutos.. Nos veremos en otro momento, ¿vale?.- Tras decir esto, se dirigió a la puerta y la abrió, mirando a Hebi un momento. Finalmente se fue. Esperaría que su plan B funcionara, el dejarle solos para que Daichi se sincere, y que ocurriera lo que tenga que ocurrir.
Konoha's School - 15 - La verdad a la luz
Obviamente los que habían recibido regalos se lo llevaban a casa, y Kagura tuvo que cargar con el preciado cachorro. Trataba a aquella figura de arcilla como si fuera tesoro, pues Deidara había dado totalmente en el blanco.
Itachi había llegado con Daichi a la casa de éste, y el joven Hyuuga no tardó en contarle lo que le ocurría. Al fin y al cabo era su mejor amigo. Ambos se sentaron en el sofá, e Itachi le miraba dispuesto a escucharle. Daichi al final acabó soltándolo todo, realmente frustrado.
-Es tan...inalcanzable.- Soltó al fin, echando la cabeza hacia atrás. Su amigo esbozó una pequeña sonrisa.
-¿No le dijiste nada? Al menos le habrás dado la bolsa, ¿no?- Preguntó él, curioso. Daichi no tiene secretos para él, pues Itachi siempre se salía con la suya y se enteraba de todo.
-Claro que se la di, pero no sabe que fui yo. Iba a decírselo, pero él es un enorme bache... ¿Y si él la quiere como algo más? ¿Y si ella me rechaza..? Sus calabazas no serían nada agradables, siendo como es ella... Aunque sea un poco bruta, me tiene loco. No sé si me entiendes, Itachi.- Comentó, removiéndose levemente la melena.
-Claro que te entiendo, se ve a la legua lo enamorado que estás, pillín.- Respondió él, soltando una sonrisa burlona. -Si vas a permitir que él se salga con la suya, la perderás. Deja de ser tan bueno y lucha por lo que quieres, anda.- Añadió, levantándose. -Voy a comprar un poco de cerveza, así te desahogas.
-Sabes que no bebo, Itachi.- Replicó, dirigiendo la mirada hacia él.
-Lo sé, lo sé.. Pero esta vez te vendrá bien, sólo compraré una para cada uno. Confía en mí, y piensa lo que te he dicho ¿sí? Volveré en seguida.- Le despidió con la mano y salió de casa, dirigiéndose a una tienda cercana.
Hebi se encontraba por aquella zona, pues había salido con Doku por ahí aunque éste se desvió del camino para comprar algo fresco en frente, ambos tenían sed. Itachi al verla parpadeó levemente y no tardó en acercarse a ella. Su plan iba a comenzar más antes de lo previsto.
-Oe, Hebi. Ven aquí un momento.- Dijo, indicándole que viniera. Ella se acercó, de nuevo confusa.
-¿Qué quieres ahora?- Preguntó, cruzándose de brazos.
-Me he dado cuenta de que Daichi no te lo ha contado todo.- Dijo, mirándola. Estaba decidido a decirle la verdad, ya que Daichi no pensaba hacerlo. Sin mas dilación, empezó a contarle lo que había ocurrido realmente, la intervención de Doku en aquella pelea.
Ella se quedó atónita, y obviamente no se lo creía. ¿Por qué iba a hacer semejante cosa? ¿Por qué tenía ella que creer eso? Su reacción no fue nada buena. Y él al contárselo, se despidió de ella ya que tenía algo de prisa y fue a comprar lo pensado, para luego volver a casa de Daichi. Doku salió al tiempo en el que Itachi entraba en la misma tienda, con dos refrescos.
Hebi se quedó inmóvil, con la mirada fija en el suelo. Cogió el refresco casi quitándoselo de las manos a Doku y fue caminando hacia su casa. El peliazul estaba confuso, pero fue con ella sin decir nada. Cuando ambos llegaron a casa, Hebi no aguantó más y fue al salón a hablar con él.
-Doku... Lo de Daichi fue.. una sorpresa, ¿verdad? Verle en clase con los golpes...- Dijo, bastante seria. Doku se sorprendió, y desvió la mirada.
-Claro, fue.. una sorpresa.- Dijo, dudoso. -"¿Se ha dado cuenta realmente? ¿Ese Hyuuga se lo ha contado?"- Pensaba para sí mismo, tenso.
-¡Dime que tú no colaboraste en esa pelea contra él!- Exclamó, alterada. -¡D-dime que eso es mentira!
Doku cerró los ojos con fuerza, realmente se dio cuenta de que ya lo sabía. -Se.. acercaba demasiado a ti, Bibi.- Murmuró, encogiéndose de hombros. Hebi frunció el ceño y, por primera vez, le soltó una fuerte cachetada a Doku. Él se quedó totalmente atónito.
-¿¡Por qué demonios has hecho eso!? ¡T-tú querías que yo fuera más social, Doku!- Exclamó, realmente furiosa. -¿Es que tú eres el único con derecho a tener amigos, a conocer a más gente y vivir cosas nuevas?- Se encogió, realmente atónita por lo que había hecho.
Él se mantuvo en silencio y se llevó la mano a la mejilla, ésta roja por la cachetada. No sabía realmente qué decir. Doku hizo aquello primeramente porque es algo posesivo con Hebi, ya que ella ha sido y es su única familia. Al ver cómo se iba alejando poco a poco, le dio un miedo inmenso, miedo a perderla y volver a verse solo.
-No... no me lo esperaba de ti, Doku...- Murmuró Hebi, encogida y con un nudo en la garganta. Luego, sin más, se levantó y salió de nuevo de la casa, dispuesta a pedirle explicaciones a Daichi y aclararse en aquel caso. Doku dejó que se marchara, inmóvil. Lo único que hizo fue abrazarse a sí mismo, totalmente encogido. Volvía a sentir la soledad.
Mientras, Itachi ya estaba en casa de su amigo, totalmente consciente de que Hebi llegaría en cualquier momento, si no fallaba su plan. Abrió una de las botellas y bebió un sorbo. Daichi, acabó probando aquella bebida también, en silencio. Había estado pensando en lo que le dijo su amigo, sin arriesgar no conseguiría nada, aunque también pensaba en hablar con Doku y llegar a un acuerdo sobre aquel tema, ese era su principal objetivo.
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