sábado, 11 de mayo de 2013

Konoha's school - 17 - Deseos


Doku acabó durmiéndose durante casi una hora, despertó con dolor de cabeza y al notar una mano, creyó que era Hebi. Al dirigir la mirada hacia la persona que cogía su mano, se sorprendió y la apartó. Ella le miró y se levantó rápidamente, retrocediendo.

-¡Lo..lo siento, ya me voy!- Dijo ella, avergonzada. Luego corrió hacia la puerta y la abrió, dispuesta a salir. Doku se incorporó rápidamente y la siguió.

-O-oe.. ¡espera!- Alzó la voz al ver que se iba la joven y salió, asomándose. Luego soltó un suspiro y se llevó la mano a la cabeza, dolorido. Se mantuvo un rato en la entrada, hasta que decidió seguir a la joven. Fue hacia la misma dirección que ella.

Ella, mientras, iba con paso bastante rápido hacia su casa, arrepintiéndose mil veces de haberse ido sin más y haber perdido la oportunidad de pasar un pequeño rato con el peliazul. Hanako siguió con su paso rápido y pasó por delante de dos chicos, que éstos fumaban y parloteaban. Los típicos niñatos. Ella pasó de largo y éstos se quedaron observándola, se miraron mutuamente con una sonrisa lasciva y decidieron seguirla.
Ella miró hacia atrás al notar unos pasos y se sobresaltó, iba a correr pero ambos impidieron aquello. Uno la inmovilizó por detrás mientras que la tocaba, y el otro se relamía mirándola.

-Qué gatita más rica tenemos por aquí... Hay que aprovecharla ¿verdad?- Dijo el joven que la sujetaba por detrás en su oído, para luego lamer su cuello. Ella trató de escapar desesperadamente, pero eran dos contra uno. El otro joven agarró sus manos con fuerza, mientras que el de atrás había comenzado a subir su camisa.

Doku caminaba con prisas, buscando a la joven. En cuanto vio lo que ocurría no muy lejos de él, corrió hacia ellos y le mandó un fuerte puñetazo a uno de los chicos tras apartarle de ella.

-¡Dejadla!- Exclamó, dejando contra la pared al que había pegado. En cuanto iba a ir a por el otro, éste soltó a Hanako bruscamente.

-¡Tío, que éste el del rumor, el que se alió con los akatsuki!- Exclamó él, retrocediendo. Hanako rápidamente se fue junto a Doku, escondiéndose tras él. El tipo que recibió el golpe, tras recuperarse de éste, no dudó en huir al ver que se trataba de "el aliado de los akatsuki".

-¡No me dejes atrás, cobarde!- Exclamó el restante, corriendo tras él.

Hanako a pesar de que el peligro haya pasado, estaba temblando bastante y llorando, sin moverse de la espalda de Doku. Éste se giró y la miró. Luego, sin más, la abrazó para calmarla.

-Calma... Ya está.- Susurró, sin soltarla. Había pensado en volver a casa con ella, pues no la veía en condiciones de que estuviera sola. La rodeó con el brazo para quitarle el miedo que sentía y comenzó a caminar. Ella seguía igual, sin separarse un momento de él y sin dejar de llorar. Casi se repite la pesadilla que siempre la estuvo atormentando, casi le ocurre lo mismo que aquella vez.

Tras llegar a casa, la llevó al salón y la sentó, sentándose con ella. No tardó en poner su abrigo sobre los hombros de ella, y luego besar su frente. Aquellos gestos de cariño eran muy normales para él, no se daba cuenta de lo avergonzada que estaba ella por aquellos gestos. Pero gracias a aquello, su miedo desapareció y cesó de llorar, secándose luego las lágrimas.

Mientras tanto, Hebi seguía en casa de Daichi, sentada en el sillón. No hablaron casi nada desde aquel abrazo. Realmente Daichi deseaba en aquel momento besarla, acariciarla y decir en su oído lo mucho que la quería, y lo que deseaba que ocurriera aquel momento. Sin embargo, no era capaz de hacerlo. Sólo se limitó a invitarla a comer, ya que sabía que aceptaría porque ella era una auténtica máquina para comer, y tenía bien claro que no rechazaría su oferta.

Tras preparar la comida, la sirvió en dos platos y llamó la atención de Hebi para que fuera al comedor, luego tomaron asiento. La comida tenía muy buena pinta, se trataba de arroz con curri y algunos trozos de carne en él. Hebi se relamió al ver tal plato delante de ella, y aquel olor que invadía su olfato. Él sonrió levemente al verla, y se avergonzó un poco al ver cómo se relamía.
Tras desear buen provecho, ambos empezaron a comer.

-Oye, Hebi... entonces.. tú y Doku os habéis peleado, ¿no?- Preguntó, sin poder evitarlo. Ella dejó de comer al escuharle, encogiéndose levemente.

-Sí...no creí que sería capaz de hacer algo así.- Dijo, para luego seguir comiendo.

-Entonces... ¿volverá a hacerlo?- Volvió a preguntar, sin pensar si quiera si le molestarían las preguntas.

-No pienso dejar que vuelva a hacerlo, luego hablaré con él, con calma... Supongo que entiendo el por qué lo hizo.- Dijo aquello último, soltando un largo suspiro. Antes de que él dijera algo, ella prosiguió. -Soy su única familia... y temía perderme, porque me veía contigo muchas veces. Por eso fue a por ti.- Dijo ella, dirigiendo la mirada hacia él.

Él, en el fondo, se alivió y se alegró bastante. Pensaba que no tenía rival en el amor, pero aun así quería hablar con él y hacer las paces. Finalmente terminaron de comer y Daichi fregó los platos. Hebi ya estaba dispuesta a irse, pero Daichi se ofreció a ir con ella. Era demasiado tarde para que fuera sola. No tuvo más remedio que aceptar y fueron juntos a casa de la peliazul. En cuanto llegaron y Hebi abrió la puerta, se sorprendió al ver a aquella joven con Doku, abrazada a él y dormida en el sillón. No tardó en despertar al escuchar la puerta. Doku también se sorprendió al verles, sobre todo Daichi.

-¿Tú..? ¿Tú eres...?- Preguntaba Daichi, señalando a Hanako. Estaba visto que se conocían, Hanako se ruborizó bastante al ver que el joven la había visto tan frágil. ¿De qué se conocerían?

Se trataba de que eran primos. Hanako se había trasladado hasta hacía poco con su hermana a Konoha, y eso implicaba también entrar al mismo instituto que ellos. Pero ni si quiera Daichi sabía aquello. Hanako decidió que ya tenía que irse y se disculpó ante Doku, luego ante Hebi y finalmente arrastró a Daichi con ella, que éste quería despedirse en condiciones de Hebi. Ella miró la escena y suspiró, cerrando la puerta. Luego se encogió levemente y fue al salón, dirigiendo la mirada al peliazul. Ya era hora de que hablaran con calma.

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