viernes, 20 de diciembre de 2013

Konoha's School - 19 - Despedida y esperanza

-¿¡Por qué te vas!? ¡No es justo!- Exclamó Naruto, atónito por las palabras de su amigo. Éste soltó un suspiro.

-Son cosas de la empresa familiar, mi hermano y yo tenemos que salir del país, serán dos semanas.- Explicó, mirándoles. -Sólo quería avisaros, no puedo decir los detalles.- Dijo con su misma frialdad, sin vacilar.

A Daichi casi le da algo al pensar que también se iba Itachi. Había perdido a su apoyo incondicional durante dos semanas. ¿Quién le aconsejará ahora para conquistar a Hebi, o quién le meterá en encerronas con ella? Se iba a sentir muy inseguro sin él, pero luego recordó que podría pedírselo por teléfono, aunque no sería lo mismo, podría valer. Soltó un sonoro suspiro.

-Pero no es nada grave, ¿no?- Preguntó Kiba, parpadeando levemente. Era más comprensivo, no como Naruto. -Mientras vuelvas.. te prepararemos una fiesta de bienvenida, Sasuke.- Sonrió.

-¡Ah, podríamos haberle hecho una de despedida!- Exclamó Naomi. -¡Deberías haber avisado antes, Sasuke!-

Y así pasó el recreo. Fue inundado a preguntas y demás, se sentía frustrado. Él no quería irse, pero era su responsabilidad, y la de Itachi, ya que al morir sus padres la empresa quedó en sus manos. Todos estuvieron pensando en lo ocurrido, y ahora Daichi tenía dos preocupaciones encima. El tema Sasuke, y el tema Hebi. Tenía que hablar con Doku antes de hacer nada, tenía que convencerle, y quería que hoy fuera ese día. Planeaba qué decirle y demás en aquellas horas restantes, hasta que finalmente, su corazón dio un vuelco al sonar el timbre que indicaba ya el final de la jornada escolar. Ya llegó el momento para aclararlo todo, para por fin dar el paso y declarársele a Hebi de una vez. Ahora que no tenía a su mejor amigo, debía ser fuerte.

Cuando se dio cuenta, ya casi todos habían salido de la clase. Rápidamente recogió sus cosas y se levantó, salió de la clase y buscó con la mirada a los peliazules. Les perdió de vista, lo cual, soltó un largo suspiro. Pensó que sería mejor hacerlo por la tarde, así que se dirigió a su casa, con paso algo pesado.
De camino a su casa, al ver no muy lejos a su amigo esperando en su coche, aligeró el paso y se acercó rápidamente. Sacó también las llaves, abriendo la puerta de casa. Itachi, entró tras él y cerró la puerta tras de sí.

-Oye, que tengo que contarte una cosa...- Dijo Itachi, rascándose la nuca. Mientras, el Hyuuga iba dejando la maleta en el sofá, con rapidez.

-Sé que os vais a ir, tú y tu hermano. Ne..necesito que me des un pequeño consejo, estoy decidido.- Dijo, sentándose. -Voy a dar el paso.- El Uchiha alzó una ceja y fue hacia la cocina con total libertad, cogió un par de cervezas y se acercó, sentándose a su lado. Le ofreció una de las cervezas.

-Ya veo lo que te importa nuestra amistad, que ni si quiera sufres mi marcha.- Bromeó, abriendo la lata con una mano. El Hyuuga no tardó nada en coger la lata para él, pero la dejó en la mesa del salón.

-No es la primera vez que me dejas solo, Itachi.- Dijo, sonriendo de lado.

-Dudo que ésta vez puedas sobrevivir sin mí.- Le dio un sorbo a la cerveza. -Vamos... dispara.-

-Bueno... he decidido hablar con Doku, ya que es el mayor problema, por llamarlo así... Y una vez hable con él y sepa lo que siento por Hebi y vea que no tengo malas intenciones...- Se interrumpió, cogiendo aire. -Se lo diré a Hebi. Le diré todo lo que siento por ella. Y creo que ahora mismo iré a su casa a hablar con Doku.

-Entiendo... al fin vas a dar el paso, entonces. Adelante, brindaré por ti, ya me contarás.- Dijo, bebiendo otro sorbo.

-¿No... no haré nada mal?- Parpadeó levemente al ver que su amigo no le reprochaba nada.

-No, no. Ésta vez estás bastante seguro, no dudas. Aah, cómo has crecido.- Bromeó, con una ligera sonrisa. -Vamos, que quiero ver a esa peliazul en tus brazos de una vez, te lo mereces.-

El Hyuuga se sorprendió ligeramente, para luego sonreír. Alzó un puño y ambos se lo chocaron, para luego levantarse. -Iré después de comer, no quiero interrumpirles la comida. Te invito a comer.- Dijo, mientras se dirigía a la cocina. El Uchiha aceptó encantado, pues su hermano comería acompañado de cierta peliazul para acabar aquel dichoso trabajo, y allí estaban, comiendo. Doku comía con tranquilidad, no sabía lo que se le venía encima.
Para el Hyuuga el mediodía pasó volando. A una buena hora decidió partir a casa de los peliazules, con los ánimos y la motivación a tope. Ya se vio en frente de la puerta. Cogió aire y, sin más, acabó tocando el timbre. Al poco tiempo, no tardó en abrir Doku, que se sorprendió al verle, frunciendo luego el ceño.

-Hebi no está.- Dijo sin más, mirándole.

-No.. no quería ver a Hebi. Quería hablar contigo.- Dijo con total firmeza, mirando al peliazul, decidido. -Es importante.- El peliazul soltó un pesado suspiro y se mantuvo neutral. Le dejó pasar. Ambos fueron hacia el salón y tomaron asiento.

-No te enrolles.- Dijo sin más, algo despreocupado. El Hyuuga volvió a coger aire cerrando un momento los ojos, para al fin, empezar a hablar.

-Verás, Doku... Lo diré sin preámbulos. Estoy enamorado de Hebi. Quiero empezar una relación con ella, si ella quiere... quiero que sepa cuánto la he amado desde que entrasteis por la puerta de clase. Y... en ningún momento quiero apartarte de Hebi. Quiero hacer las paces contigo, y que... me des tu bendición, que me des una oportunidad para ser realmente feliz. Nunca le haré daño.- Comentó, con la mirada clavada en los ojos del azulado, serio. Éste se mantuvo un momento callado.

-...Tú mismo. Adelante.- Sorprendentemente, aceptó sin más. -No te impediré nada. Mientras no le hagas daño.- Dijo mientras se levantaba. -Ahora, si me disculpas... Tengo un trabajo que hacer.- El Hyuuga quedó anonadado, atónito. Todo estaba yendo perfecto. Asintió con la cabeza y se levantó, para luego tenderle la mano.

-Gracias, Doku.- El azulado suspiró nuevamente y estrechó su mano, para luego dirigirse hacia la puerta para que se marchara. Pero, antes de cerrar la puerta, advirtió.

-Eso sí ... ésta vez, será Hebi quien te dé la patada.- Dijo sin más, viendo la reacción de sorpresa del Hyuuga. -Adiós.- Cerró la puerta, finalmente.

Daichi se quedó un momento en la puerta, aún sorprendido por aceptarle y por su última frase. No pudo evitar sonreír ante el gran peso que se había quitado de encima. Fue muy sencillo, tenía que celebrarlo. Su felicidad estaba más cerca. Corrió a toda prisa de vuelta a casa, realmente animado. Pero... quizá estaba siendo muy optimista.

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