miércoles, 25 de diciembre de 2013

Konoha's School - 20 - La oportunidad

El Hyuuga no tardó nada en llegar a casa, entusiasmado. Se adentró en el salón y vio al Uchiha aún allí, lo cual se acercó y sin preámbulos cogió la cerveza y la abrió. Itachi parpadeó levemente.

-Sonrisa de oreja a oreja... ¿Te dio su bendición?- Sonrió el Uchiha, preparando la lata que él tenía para el brindis.

-Conseguí razonar con Doku, ya me he quitado ese problema de encima...- Chocó su lata con la de él, sin borrar aquella ladeada sonrisa. El Uchiha bebió un sorbo.

-Dime, ¿qué te gusta de ella?- Alzó una ceja, sonriente.

-Bueno... es bastante atractiva, pero no me gusta sólo por su físico, no pienses mal. Desde el principio, al ver su carácter fuerte y algo.. agresivo, supe que realmente sólo era una coraza. En verdad es bastante sensible y frágil... es alguien a quien hay que proteger a toda costa, alguien que necesita más cariño, y eso es lo que yo le daré... si me acepta, claro.- Suspiró levemente, aún con aquel rubor.

-¿A caso lo dudas?- Soltó una pequeña risilla. -No seas idiota, hay muchas chicas detrás de ti, fijo que ella es una.

-No sé... es difícil, además...- Borró la pequeña sonrisa al recordar las palabras de Doku. -Ésta vez será Hebi quien me de la patada...- Le miró, volviendo a beber. -Eso es lo que me dijo Doku. Quizá ella no...-

El Uchiha se sorprendió, dejando la lata en la mesa. -Vamos, vamos... Tú mismo has dicho que es difícil, pero no por ello es imposible. No te preocupes, no creo que vaya a pegarte una paliza, y si te rechaza.. ella se lo pierde,  y más adelante volverás a intentarlo tras demostrarle lo que se estaba perdiendo.- Comentó, suspirando levemente. Luego se levantó. -Lo que ella no sabe es que no te rindes fácilmente.-

-Supongo que tienes razón...- Suspiró el Hyuuga. -Siento entretenerte, tienes que hacer las maletas.-

-Ya sabes, cuando des el paso, me avisas. Quiero todos los detalles.~- Posó una mano en su hombro, sonriendo.

-Creo que lo haré mañana, hoy está haciendo un trabajo con tu hermano, no quiero molestarla...- Sonrió un poco, sentado. Luego, se levantó. -No bebas mucho a donde quiera que vayas, ya me contarás cómo fueron los negocios.-

-Claro, hasta otra.- Finalmente el Uchiha se marchó de allí y Daichi soltó un suspiro. Mañana. Era lo que no se le quitaba de la cabeza. Y, mientras investigaba un poco el trabajo que les encomendó Orochimaru, vio que terriblemente el día pasó volando. Por la noche, a pesar de que pensaba en ello, logró dormir con calma.

Por la mañana se levantó unos minutos antes de que el despertador sonara, fue vistiéndose y demás y luego desayunó, pensando en cómo le diría lo que siente a Hebi. Se le ocurrió un plan, pero uno bastante sencillo, no quería agobiarla ni ser cursi, no iba con él. Una vez estuvo preparado para irse al instituto, se puso en marcha. Pero se le ocurrió pasar por casa de Hebi para que fueran juntos, ya no había ningún problema. Así aprovecharía para poner en marcha su plan. Una vez que estuvo en la puerta de aquella chica, la tocó

Al poco salieron ambos peliazules, Hebi se sorprendió ligeramente al verle. Tras darse los
buenos días, comenzaron a andar hacia el instituto.

-Bueno.. ¿qué tal os va el trabajo de biología..?- Preguntó el Hyuuga, para romper el silencio. Hebi suspiró.

-Es bastante pesado, pero ya lo terminamos ayer... Casi me da algo.- Se quejó, sin dejar de andar. -Ese profesor es muy raro...

-A nosotros nos queda aún, pero hemos avanzado bastante..- Respondió Doku, desinteresado.

-Ah...- Miró a Hebi. -Entonces, si estás libre... ¿Quieres que esta tarde vayamos a tomar algo? Así me cuentas cómo hicieron el trabajo, nosotros estamos... un poco perdidos.- Todo aquello fue improvisado. No le gustaba mentir, no lo hizo del todo. La peliazul parpadeó levemente.

-Uh..sí, pero invitas tú.- Aclaró, mientras continuaba andando. El Hyuuga suspiró y aceptó, con una ligera sonrisa ladeada. -A las seis ya tendría hambre.-

-A las seis entonces.- Dijo, sonriendo. El peliazul se mantuvo callado desde entonces, hasta que finalmente llegaron al instituto. Daichi estaba tranquilo, pero sin poder evitar pensar en todo aquello.

Tomaron asiento y comenzaron las clases. Ese día Hebi empezó a sentarse sola por la marcha de Sasuke, pero Daichi aprovechó la ocasión y, con permiso de su tutor Kakashi, fue sentándose a su lado hasta que llegara Sasuke, para ayudarla con cualquier duda que tenga. Todo iba perfecto. Así transcurrieron las tres primeras horas y llegó el recreo, en el que sin poder evitarlo, todos echaron en falta a cierto pelinegro.

El recreo transcurrió de forma normal, como cualquier día, aunque algunos sacaron el tema de Sasuke y se preguntaban cómo estaría. Volvieron a clase y las tres últimas horas fueron demasiada lentas, sobre todo la última hora; biología. Hebi fue la única que entregó aquel dichoso trabajo, pues tuvo que hacerlo a toda prisa y de sopetón en el día anterior. El profesor se sorprendió ligeramente, pero ya estaba informado de la marcha de Sasuke y soltó su sonrisa de siempre, recogiendo aquel trabajo. En esa hora, Daichi estaba sentado con su pareja de trabajo.

Al fin acabó la jornada escolar, y al fin iba a llegar aquel momento. Sólo unas horas más, y podría al fin tenerla y hacerla feliz, tanto como lo estaría él. Sólo unas horas más, y por fin podría estar con ella en sus brazos. Todos se fueron dirigiendo a sus respectivas casas, y Daichi cogió el teléfono móvil que guardaba en su bolsillo para llamar a su mejor amigo y ponerle al tanto, contarle lo que ocurriría justo a las seis de la tarde, mientras se dirigía a casa. Quizá, estaba siendo muy optimista. O quizá sólo se conformaba con que Hebi supiera sus sentimientos. 

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