Hebi se había sentado en el sofá junto a Doku. Había un silencio enorme, por no decir que parecía eterno. Ninguno se atrevía a hablar, y ni si quiera fueron capaces de dirigirse la mirada. Finalmente, la peliazul se atrevió a hablar.
-Oe... Kuku... siento haberte dado la cachetada, estaba furiosa. Nunca creí que harías algo así.- Alzó una mano y se la puso en el hombro al chico, mirándole. La tristeza invadía los ojos del joven, que aún mantenía la mirada baja. El peliazul, sin mediar palabra, abrazó a Hebi con fuerza, escondiendo el rostro en su hombro. Ella, sorprendida, correspondió el abrazo.
-Te..tenía miedo, de que me dejaras de lado por él...- Murmuró el joven, sin intención de soltarla. Ella acarició su pelo, tampoco tenía intención de soltarle. Hebi esbozó una pequeña sonrisa.
-Kuku celoso... Nunca pensé que te vería así.- Amplió la sonrisa, removiendo levemente su pelo. -Nunca te dejaré de lado, bobo. Sabes que eres mi querido hermanito, mi "guardaespaldas" cabezota...y al parecer ahora un ligón.- Dijo aquello último al recordar a la joven de antes. -¿Quién es ella?-
-¿Li...ligón?- Alzó la mirada para ver a la joven, extrañado. Parpadeó levemente y lo comprendió al saber que se refería a la joven de antes. -Ah, ella... No sé quién es... Creo, que me topé con ella estando borracho y me llevó a casa. Cuando desperté, salió de casa corriendo, y me dio por seguirla... y menos mal que lo hice, estaba en peligro. Dos tipos intentaban violarla, y la salvé. -Se encogió de hombros al recordar el "mote" que tenía ahora por las calles, "el aliado de los akatsuki".-
-Vaya.. Pues te convertiste en su héroe.- Dijo, sonriendo. Acarició su mejilla y volvió a abrazarle. Estuvieron charlando un rato, habían hecho las paces. Mientras, Daichi y Hanako hablaban, mientras éste la acompañaba a casa.
-Así que... Te gusta Doku, ¿uh?- Preguntó Daichi, curioso. , La manera de hablar de la joven y su intento de evitar el tema la había delatado. -A primera vista.- Añadió, con una pequeña sonrisa en sus labios.
-¡De eso nada! ¡N-no me gusta! -Exclamó ella, y en cuanto vio que su casa estaba a un paso corrió hacia la entrada y entró, cerró casi de un portazo. El Hyuuga se quedó perplejo ante aquella reacción. Soltó un leve suspiro y se dirigió a su casa, pensando en lo ocurrido y en su momento con Hebi. No pudo evitar pensar en echarle una "regañina" a Itachi por provocar ese tipo de situaciones, pero realmente quería agradesérselo.
Pasó el siguiente día, y los peliazules ya estaban entrando en el instituto. Antes de que ambos entraran a la clase, llegó Sasuke un tanto apresurado.
-¡Hebi!- Exclamó éste, llegando hasta ellos. Ambos le miraron, confusos.
-¿Ocurre algo, guaperas?- Preguntó, parpadeando levemente. Doku no pudo evitar ver a la joven de anoche, pero no dijo nada. Sólo se limitó a entrar a clase.
-Debemos terminar el trabajo de biología hoy, así que iremos a mi casa según salgamos del instituto. ¿Te parece?- Dijo él, ignorando el cómo le había llamado. Ella iba a quejarse, pero éste la silenció interrumpiéndola. -Es importante, es mi último día.- Tras decir esto y ver que Orochimaru llegaba, se adentró en la clase aprisa, arrastrando a Hebi con él. Ella estaba totalmente confusa.
¿Último día? Estuvo toda la hora pensando en aquellas palabras, mientras desarrollaba el trabajo con él en aquella corta hora. Ella trató de preguntarle a qué se refería con aquello, pero sólo tuvo una respuesta: Ya te explicaré en la hora del recreo.
Las tres primeras horas fueron eternas para Hebi, y había notado que el Uchiha estaba muy despistado, pensando en a saber qué, y bastante serio y frívolo, más de lo normal. Al fin llegó la hora del recreo, la deseada hora del recreo. Hebi se apresuró a salir, y Doku estaba extrañado por ello. Fue con ella, y tras ellos fue Daichi, también estaba confuso. El ambiente estaba bastante tenso.
Una vez todos reunidos, Sasuke tomó la palabra, para contar lo que debía aclarar, sólo Hebi estaba preocupada por lo que iba a decir, pues los demás no sabían la razón.
-Debo contaros algo, chicos. Y cuanto antes lo sepáis, mejor. Fue... algo repentino.- Todos le prestaron atención, con una gran curiosidad encima, pero al mismo tiempo preocupados por la expresión del joven. -Voy a marcharme una temporada, de la ciudad. Me iré mañana a primera hora, hoy debo tenerlo todo listo...- Dijo finalmente, con la mirada frívola y desviada, evitando mirar la expresión de sus amigos.
Todos quedaron atónitos. ¿Irse? ¿Cuánto tiempo? ¿Por qué debía irse? La expresión de su rostro no reflejaba nada bueno, y todos necesitaban una buena explicación.
No hay comentarios:
Publicar un comentario