sábado, 11 de mayo de 2013

Konoha's School - 16 - El miedo y la ternura


La peliazul se dirigía a la casa del joven Hyuuga, con paso acelerado y con muy mal humor. Pensar que Doku había hecho tal cosa, la destrozaba por cada segundo. Realmente, casi se pierde, pues no recordaba muy bien dónde estaba la casa de él. Finalmente llegó, o eso creía, y tocó la puerta varias veces, alterada. Itachi al oír que tocaban la puerta, sonrió.

-Deberías abrir tú, Dai. Yo voy al baño, ¿sí?- Tras decir esto, se levantó con la lata de cerveza en la mano y fue al baño, cerrando la puerta.

Él miró cómo se iba y se encerraba en el baño, confuso. El pobre no sabía lo que se le venía encima. Se levantó, dejando la cerveza en la mesa, y se dirigió a la puerta que seguía sonando los golpes en ésta. Tras abrir la puerta, se quedó como la primera vez que irrumpió Hebi en su casa: totalmente sorprendido. Ella entró rápidamente, topándose con él. Él acabó retrocediendo ante la intrusión, con la misma expresión en el rostro.

-¡Tú!- Exclamó ella, dándole un toque en su pecho con el dedo. -¡Tú tampoco pensabas contarme nada! ¡E-estúpido!- Exclamaba, dándole un toque en el pecho con cada palabra que pronunciaba.

-Eh.. Hebi..y-yo...- No sabía qué decir, estaba totalmente anodadado.

-Primero juegas a ser mi guardaespaldas, y segundo, le sigues el secretito a Doku.. ¿Qué demonios os pasa?- Siseó entre dientes, totalmente desquiciada. Aquello era demasiado para un sólo día.

-No.. no jugaba a ser guardaespaldas. Quería protegerte, Hebi.- Dijo él, desviando la mirada. La peliazul no comprendía el por qué.

-No te he pedido que lo hicieras, estúpido. No seas patético.- Rechistó la peliazul, cruzándose de brazos. Itachi, mientras, lo veía y escuchaba todo, con la puerta a penas un poco abierta. Iba justamente como él lo había pensado.

-Soy.. patético. Si soy patético por proteger a la persona que me importa...- Puso las manos sobre los hombros de Hebi, mirándola a los ojos.- ¡Entonces lo soy, Hebi! -Añadió con la voz alzada, y luego, sin más, la abrazó con fuerza.

Ella se quedó totalmente sorprendida, atrapada en los brazos del joven. No pudo evitar ruborizarse, primero porque nadie la abrazaba a parte de Doku, y segundo porque la rozaba la melena de Daichi. Además, sin ella comprenderlo, se le había acelerado el pulso. Aquel momento era crucial, y se podría decir mágico. El abrazo parecía ser eterno, pues Daichi no la soltaba, ni ella se revolvía para escapar de sus brazos.

Mientras, Doku había salido de casa después de que se marchara Hebi y acabó bajo los efectos del alcohol. Se había comprado una botella de un litro, y sólo con esa botella acabó borracho, pues no estaba acostumbrado a beber. Caminaba por la calle, y había una joven que le había visto de hace rato. Se trataba de su admiradora. Aquella joven tenía el pelo medio largo y de un color naranja bastante suave y delicado, además de los ojos grises y un tatuaje que tenía desde un ojo a la mejilla. Al acabar Doku frente a ella, se quedó observándola de arriba a abajo, pues le recordaba a algo por la vestimenta de la joven, que era de tonos marrones y blanco.

-... ¡Puru!- Exclamó Doku y se tambaleó levemente hacia ella, abrazándola. Así es, por aquella vestimenta de tonos marrones y añadiendo la borrachera de Doku, éste la vio como aquel preciado peluche que tuvo de pequeño, se trataba de un mapache que él llamaba Puru.

Ella se ruborizó bastante, muy sorprendida. No pudo hacer otra cosa que dejarse abrazar al escuchar los sollozos del joven.

-Te..tengo miedo..- Murmuró él sin soltarla un momento. Aquellas palabras exactamente las había pronunciado cuando se encontró a Hebi por primera vez, cuando era pequeño. Aquel fue el comienzo de la relación que tenía con la peliazul.

-Eh... tra..tranquilo.- Dijo ella, posando las manos en sus hombros y haciendo que la soltara. -Te..acompañaré a casa. ¿Puedes guiarme?- Preguntó ella, bastante avergonzada.

Él asintió varias veces, aún sollozando. La rodeó con el brazo para apoyarse en ella y fue caminando a casa, tambaleándose levemente. La joven, llamada Hanako, se fijó en que aún tenía la botella en las manos y se la quitó, tirándola a una papelera antes de llegar.

Al llegar a casa, entraron y ella le llevó hacia al salón, para luego recostarle en el sillón. Ella no tenía ni idea de qué hacer, ni qué decir. Estaba realmente avergonzada por la situación. Tras dejarle recostado, esperó a que se durmiera para asegurarse de que no se iría de nuevo por ahí, borracho. Él al verla lejos, extendió un brazo hacia ella.

-Pu..puru.. No me dejes solo..- Murmuró, con la voz totalmente decaída. Ella parpadeó levemente y se acercó, sentándose en el suelo junto a él. Luego le cogió de la mano y sonrió levemente. Por fin se acercaba al chico que deseaba, aquel chico del que se enamoró con tan sólo verle.

Mientras, en casa de Daichi, aquel tierno abrazo acabó, sin embargo había un silencio enorme. El joven Hyuuga desvió la mirada y retrocedió un paso, avergonzado por sus palabras. Hebi realmente no sabía qué decir, y sólo se limitó a hacer lo mismo que él, mirar hacia otro lado. Itachi para romper el silencio, decidió salir. Además ya se había terminado la lata de cerveza. Se acercó y les miró, como si no se hubiera enterado de nada.

-Bueno, Dai. Yo me voy ya. Quedé con los chicos dentro de unos minutos.. Nos veremos en otro momento, ¿vale?.- Tras decir esto, se dirigió a la puerta y la abrió, mirando a Hebi un momento. Finalmente se fue. Esperaría que su plan B funcionara, el dejarle solos para que Daichi se sincere, y que ocurriera lo que tenga que ocurrir.

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