domingo, 5 de mayo de 2013

Konoha's School - 13 - El día de color rosa


Como se había planeado, Daiki y Naomi fueron a casa de Daichi, y les sorprendió su aspecto. No tardaron en preguntarle lo que le había ocurrido, pero él no dijo demasiado, pues no quería que nadie más se enterara de lo que realmente ocurrió. Se quedaron con él, una de las razones era para intentar animarle y sonsacarle la información, y otra era para informarle del trabajo que había propuesto Orochimaru.
Mientras, la albina fue a visitar al rubiales, que éste estaba en el restaurante trabajando como camarero. En seguida se dio cuenta al entrar de lo bien que trabajaba el joven, que estaba dándole una reprimenda el dueño del restaurante por haber gritado a un cliente. Kagura sonrió levemente y tomó asiento, esperando a que llegara a atenderla. Deidara la miró y resopló levemente. No tuvo más remedio que acercarse, aunque en el fondo deseaba hacerlo.

-¿Has venido a reírte de mí?- Preguntó él, cruzándose de brazos. Ella le miraba con la mirada inocente e inexpresiva de siempre.

-¿Podrías traerme un refresco.. Deidara-san?- Dijo aquello con un tono dulce, que acabó engatusándole. Asintió y fue a por la bebida. La albina miró alrededor, contemplando el restaurante aquel.

Al final volvió el rubiales y le sirvió el refresco, algo malaganiento y avergonzado por verse así. La joven le dio un sorbo y señaló a uno de los clientes que esperaba ser atentido. -Te necesitan, rubiales...- Murmuró ella y le dio otro sorbo al refresco.

Como respuesta, él rechistó y se acercó a aquella mesa. Tomó nota y fue a la cocina a avisarles del plato que tenían que hacer. En cuanto le entregaron el plato, fue de nuevo hacia la mesa y le dejó el plato al cliente. Tras dejar el plato, se acercó de nuevo a la albina. Estuvo con ella un rato, hasta que el mismo cliente de antes llamó al rubiales para que se acercara. Lo que le dijo el cliente sacó de quicio a Deidara.

-¿¡A mí qué me cuentas si la comida está fría!? ¡Échale la culpa al cocinero ese de pacotilla, no a mí!- Exclamaba él, totalmente desquiciado. El dueño del restaurante no tardó en acercarse y apartar a Deidara del cliente, para luego disculparse.

La albina volvió a esbozar una pequeña sonrisa y al terminar el refresco, le dejó la cuenta a Deidara para que se lo pagara y se marchó sin más hacia su casa, pues ya empezaba a atardecer y había quedado con Kiba para hacer aquel dichoso trabajo. El pobre rubiales estuvo trabajando hasta la noche, como siempre, y al terminar salió de allí y se dirigió a su casa. Soltó un largo bostezo mientras caminaba, hasta llegar. Se duchó y se cambió poniéndose únicamente el pantalón de pijama, pero en vez de tumbarse a la cama se sentó en su escritorio con un buen tosco de arcilla en él.
El siguiente día iba a ser el deseado y no tan deseado San Valentín, esa era la razón por la que tenía aquel tosco de arcilla delante de él. A pesar de ser de una banda peligrosa y demás, él era un manitas y siempre sacaba buena nota en arte, adoraba hacer figuras de arcilla. Practicamente estuvo casi toda la noche trabajando en aquella figura que tenía pensada hacer.

Pasó la noche, y Deidara al fin había terminado su regalo, además de que ya estaba bien seco. Se vistió y fue muy temprano al instituto, era de los primeros en llegar. Buscó la clase de la albina y, viendo que aún no había llegado nadie, sonrió. Sabía perfectamente dónde se sentaba Kagura, así que no tenía ningún problema para dejar su regalo de San Valentín en su mesa, y así hizo. Tras dejar aquel regalo sobre la mesa de la albina, se fue de la clase y cerró la puerta, yéndose él a la suya. Quería aprovechar para dormir un rato hasta que empezaran las clases.

En San Valentín los enamorados siempre iban más temprano de lo normal al instituto para dejar su anónimo regalo, que normalmente era chocolate como "símbolo de amor", a la persona especial. Aunque siempre los había que daban el chocolate o el regalo cara a cara. Además también estaba el regalo de amistad, que normalmente siempre se daba.
Hebi iba con Doku de camino a clase, pues ya se acercaba la hora para empezar. Una voz les paró, era la de Sasuke.

-Eh, Pitufa.- Era aquella expresión la que les hizo que se pararan. Hebi le miró, además de todas las pretendientas de Sasuke que le miraban, pues éste tenía una bolsita transparente cerrada y decorada con un lazo azul, con bombones de chocolate en ella.

-¿Qué ocurre, guaperas?- Dijo ella, algo extrañada. -Ahora mismo empieza la clase, no deberías atrasarme, ¿lo haces a posta?.- Añadió, frunciendo levemente el ceño.

Él no dijo nada. Lo único que hizo fue cederle la bolsita de bombones. Todas las chicas se quedaron atónitas al ver aquella escena. La peliazul, miró la bolsa algo extrañada. -No te confundas, pitufa. Es como.. símbolo de nuestra amistad. No eres como las demás... Pero, aun así, sigues siendo una pitufa amargada.- Dijo Sasuke, sin apartar la mano. La peliazul cogió la bolsita.

-Vaya.. resulta que el guaperas tiene corazoncito.- Dijo Hebi, cogiendo la bolsa. -Me pones en un aprieto, ahora te debo chocolate, estúpido guaperas...- Añadió, mirando aquellos bombones con deseo de comerlos. -Los compartiré con Doku.- Tras decir esto, miró a Doku.

El joven nombrado antes, miraba a la cantidad de chicas que fulminaban a Hebi con la mirada, primero por recibir chocolate de Sasuke, y segundo por insultarle sin más. Él asintió y fueron los tres juntos a clase. Al entrar, se pudo ver que prácticamente todas las mesas tenían chocolate y demás. Las dos mesas que más destacaron fueron la de Sasuke, que estaba prácticamente inundada de bolsas de chocolate con diferentes formas e incluso enganchadas con cartas, y la de Kagura, que ésta había acabado de llegar y se quedó contemplando su regalo.
Se trataba de un cachorro de lobo hecho por arcilla bastante adorable, pues a Kagura le gustaban los lobos. Aquella figura de arcilla era de un tamaño considerable, y por la zona de la boca del cachorro, tenía un agujero que atravesaba los lados de la boca, y en el agujero había un lazo que estaba atando la bolsita de chocolate. Aquello hacía parecer que el cachorro sujetaba la bolsita con su boca. Era todo un detalle aquello, y una obra de arte.

La mesa de Hebi tenía unas tres bolsas de chocolate, una de ellas era de un buen tamaño. Soltó un suspiro, pues se dio cuenta de que sus pretendientes estaban en el mismo instituto y habían descubierto la clase y demás. Daichi tenía unas cuatro o cinco bolsas en su mesa, y su hermana también recibió una buena bolsa al igual que Kiba. Tanto Sai como Doku también recibieron bolsas, pero no sabían el por qué, les extrañó bastante. Gaara y Miu obviamente también tenían, y ambos sabían perfectamente que se dieron una bolsa mutuamente.
Naruto recibió únicamente una bolsa, y se comportaba como si su mesa estubiera llena, se emocionó muchísimo a la par de que se ruborizó levemente. El muy idiota no sabía quién le había dado esa bolsa, no sabía que era la misma chica que él había dado una bolsa, y esa era Kanda. Ella también se ruborizó levemente al ver la bolsita en su mesa, a la par de que se veía bastante feliz. Daiki e Hinata también recibieron una bolsa.

Básicamente a todos les empezó el día de color de rosa, pero a Hebi no le hacía mucha gracia ver tanta cosa rosa y el ambiente tan empalagoso, tan bonito.
Daichi fue a clase un poco arrastrado por Naomi, aunque al fin y al cabo pensaba ir de todas formas. Aún tenía un poco marcados los golpes que había recibido. Todos se quedaron sorprendidos viendo aquel cachorro de arcilla que había recibido Kagura. Ni la misma albina se esperaba tal cosa.  El escándalo acabó cuando Kakashi entró a la clase, les tocaba tutoría.

-Bien.. dejad la mesa libre, por favor. Se ve que sois muy queridos.- Decía él, caminando hacia su propia mesa, mientras los alumnos se sentaban en sus respectivas mesas y liberaban éstas de los regalos. Aquel día tenía que ser perfecto en todos los sentidos, y por ahora había empezado bastante bien. Realmente aún quedaba mucho por ver ese día, y tal vez sorpresas.

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