viernes, 1 de marzo de 2013

Konoha's School - 01 - Un nuevo comienzo


Había sonado el despertador, sin embargo, hizo caso omiso de él. No quería levantarse, y menos sabiendo que iba a ser su primer día de clase. Aun así, su compañero de casa entró en la habitación y la removió levemente.

-Bibi-chan, despierta.- Decía el joven, con una voz dulce y calmada. Hebi, la perezosa, abrió los ojos musitando una queja y miró a su compañero.

Aquel chico, tenía una apariencia bastante curiosa, incluso más que el aspecto de la misma Hebi. Pero el aspecto de ambos tenía explicación, que se resume en una sola palabra: Experimentos.
Volviendo de nuevo al tema, el chico tenía la piel azulada. De ojos brillantes y amarillos y con la pupila de éstos rasgada verticalmente. Además de que era peliazul, pero de un color oscuro y un tanto grisáceo, era un tono bastante peculiar. Su peinado era sencillo, corto pero cubría un poco sus ojos. Además de que tenía los ojos adornados, con una línea violeta que los enmarcaba.
Hebi, la perezosa, era prácticamente blanca. Sus ojos eran idénticos a los de su compañero, y su pelo era de color azul marino. Ese pelo azulado tenía un peinado un tanto rebelde, era algo revuelto.

Finalmente se incorporó y apagó el despertador, viendo que su compañero, Doku, estaba ya preparado con el uniforme escolar que se les había entregado. 

-Va, que preparo el desayuno...- Dijo Doku, dirigiéndose a la salida de la habitación. Pero Hebi acabó por detenerle con un pequeño grito.

-¡No! Quemarás la cocina, espera a que baje. Algún día de estos te enseñaré a cocinar...- Dijo ella, suspirando. Se estiró levemente y soltó un bostezo perezoso. Miró de reojo el uniforme que le tocaba a ella, y no le agradó nada.

Estaba compuesto por la típica falda de color negro, con una camisa de botones blanca y un pequeño lazo rojizo con detalles negros. Era muy... ¿Moe? para ella. No era su estilo. Doku esbozó una sonrisa burlona al ver su reacción, aunque sonreír no era lo suyo. Finalmente salió de la habitación y se dirigió al comedor, esperando a Hebi.
Hebi puso una mueca de...asco, por decirlo así. Cerró la puerta y se deshizo de aquel pijama azulado y comenzó a vestirse. Definitivamente, aquella ropa no le iba. Se sentía muy extraña al notar sus piernas descubiertas, además de que su delantera también daba otro toque más... suculento, por decirlo así. 
Soltó un largo suspiro y se puso las zapatillas que tuvo que comprarse para el uniforme, cogió la mochila cargada de libros y bajó las escaleras. Seguidamente se colgó  la mochila y con timidez, fue a la cocina. Doku la vio.

-Hala...Bibi-chan... No te librarás de los admiradores.~- Decía él con tono burlón. Bibi-chan era el mote que cariñosamente, Doku le había asignado. A veces, Hebi le llamaba Kuku para picarle.

-¡Ca-calla! Esto no me gusta nada...- Decía, indignada. Al final se dispuso a hacer el desayuno, y sin más dilación empezaron a desayunar.

En poco tiempo terminaron, pues se dieron prisas ya que iban a llegar muy justos. Salieron de casa y Hebi cerró la puerta con llave. Finalmente, se dirigieron al instituto. Hebi, por primera vez, se había puesto nerviosa. Estar compartiendo horas con un número de personas y convivir con ellos no le iba a hacer mucha gracia. Además de que su suculento uniforme no ayudaba nada. Su compañero iba con el mismo uniforme pero masculino, es decir: camisa blanca con corbata roja y detalles negros y finalmente, el pantalón largo del mismo color.

-¿Por qué demonios tiene que ser una falda?- Decía ella, siseando entre dientes. Esta acción era muy frecuente en ella, ya que siempre lo hace cuando suele enfadarse.

Después de aquellas quejas y siseos, acabaron llegando y los nervios aumentaron. Un detalle a añadir era que, ellos, siempre iban de la mano y juntos. No, no son pareja. Hebi considera a su compañero como un hermano para ella, como su familia. Y Doku pensaba lo mismo de ella. Era curioso que no se fijara en ella, pero es lo que tiene al conocerse desde tantos años. Y en cuanto al resto de la familia de Hebi, era únicamente su padre, además de Doku. Su padre, aquel loco científico, no estaba en casa. Pues tuvo que hacer un viaje de trabajo, así que no podía estar con su hija durante un largo tiempo. A cambio, enviaba dinero cada mes. Lo suficiente para que pudieran comer y sobrara. Además de las llamadas todos o casi todos los días. 

Llegando de nuevo al tema, finalmente, llegaron a la clase correspondiente. Tocaron la puerta y entraron, Doku entró antes de Hebi pues ella le propinó un empujón. Se podría decir, que al entrar, aparte de estar cogidos de la mano, Hebi estaba casi detrás de Doku, con la mano libre estirando la falda para que se viera menos, aunque era inevitable.
El profesor albino, que se llamaba Kakashi, miró a los nuevos. Aquel profesor era un tanto curioso, pues siempre llevaba a partir de la nariz hacia abajo cubierta con una máscara, como si quisiera ocultar su identidad.

-Llegáis justo a tiempo.- Dijo esbozando una sonrisa, aunque a penas se divisaba por aquella máscara. -Chicos, estos son los nuevos de los que hablaba, agradecería que os presentarais...- Añadió dirigiendo la mirada hacia sus alumnos.

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