domingo, 17 de marzo de 2013

Konoha's School - 05 - Grandes lazos



Kiba, fue el único que se quedó en el instituto esperando a que llegaran ellos, pues como llegaban tarde, los demás decidieron ir ya a la casa de Naruto y ayudar a preparar las cosas. Al final, Hebi acabó contando lo que había ocurrido, pues quel silencio mataba. El joven en seguida lo entendió todo, además de que Doku estuvo bastante serio, sin decir una palabra en todo el camino hasta la llegada. Finalmente los cuatro llegaron a casa de Naruto, Kiba tocó el timbre y al poco abrió Naruto. Éste amplió la sonrisa al verles, pero en cuanto se fijó en los golpes que tenía Doku marcados en su rostro, la borró.

-¿Qué os ha pasado..?- Preguntó él, dejándolos entrar primero. Seguidamente, cerró la puerta.

-Primero déjame algo para limpiar la sangre de Doku, y algo de hielo...- Dijo Hebi, con la frialdad de siempre.

Naruto asintió y fue a buscar lo pedido, pero antes les guió al salón que era donde estaban los demás reunidos. La casa de este rubiales era bastante grande y parecía típica de ricos, aunque tenía un toque de humildad. Pues, Naruto, era bastante humilde y si no fuera por la casa, pasaría totalmente desapercibido. Tiene bastante dinero porque su familia tiene una empresa poderosa, que va pasando de generación en generación. Además de la empresa Uzumaki, también están la Uchiha y la Hyuuga, con la que hacen competencia constantemente. Hebi se quedó sorprendida por aquella casa.
Daichi, al ver a Hebi, se tapó la nariz rápidamente y estaba algo ruborizado, desvió la mirada. Los demás saludaron y no pudieron evitar fijarse en el aspecto de Doku. El Uzumaki trajo el hielo y para limpiarle la sangre y, mientras Hebi atendía a Doku limpiándole la sangre, contó lo ocurrido. El peliazul se mantuvo callado todo el rato, sin decir una palabra. Daichi se quedó igual, con el ceño levemente fruncido.

-Vaya... ellos siempre dan problemas...- Dijo Naruto, rascándose la nuca. -Pero no volverán a molestar, eso está claro. No lo permitiremos.- Añadió, seguro de sí mismo.

Cabía añadir que todos iban cada uno con su estilo de ropa, que no variaba demasiado. Aunque el de Sai era algo parecida a la de Doku, y eso le daba mal rollo a Hebi. Se parecían bastante.
Al final terminó de limpiarle y le dio el hielo, para que se lo pusiera por la zona del ojo que ya tenía algo hinchada. Todo estuvo en silencio, hasta que una voz animó completamente el ambiente. En el salón entró un rubiales bastante parecido a Naruto, y muy atractivo. Se trataba de Minato, su padre. Éste iba vestido formal, que le favorecía bastante.

-¡Parece que ya estáis todos!- Exclamó él, esbozando una amplia y dulce sonrisa.
Practicamente, casi todas las chicas se derritieron ante él. Estaban mirándole, ruborizadas y
sangrando de la nariz. Inclusive Hebi. Los chicos se pusieron algo celosos. Al poco llegó
Kushina, madre de Naruto y mujer de Minato. Ésta también iba vestida de gala. Esbozó una sonrisa, pero en cuanto se dio cuenta de que miraban a su querido esposo de aquella manera, rápidamente le abrazó.

-¡Es mío!- Exclamó ella, algo cómica. Mientras, Naruto estaba algo deprimido, encogido y dramatizando un poco.

-Mi padre triunfa más que yo...- Murmuró él, deprimido. Minato se rascó la nuca un tanto extrañado, y finalmente, después de que Kushina diese unas instrucciones y algunos límites, se marcharon dejándoles solos.

-...He hecho bien en venir aquí, gracias Doku...- Dijo Hebi, que aún sangraba levemente de la nariz. -¿Realmente..es tu padre? ¿En serio?- Preguntó hacia Naruto, que éste seguía en su mundo depresivo. A lo que Kanda reaccionó y se limpió la nariz, para luego achuchar a

Naruto. No pudo evitarlo.-¡Tú también triunfas!- Dijo ella, achuchándole con ternura. Estaba un tanto ruborizada, y Naruto también se ruborizó ante aquel achuchón y éste correspondió esbozando una amplia sonrisa.

-Sí que lo es, Bibi-chan...~- Dijo éste, con un tono alegre. -Bueeno...Tengo una consola, ¿qué os parece si empezamos jugando? ¿O tenéis hambre ya..? -Preguntó, dándose cuenta de que aún abrazaba a Kanda. Se ruborizó y la soltó. -¡Go-gomenne!

-¡Comer!- Exclamaron Doku y Hebi a la vez, que se les veía hambrientos. Todos estuvieron de a cuerdo con esa pareja, y al final, después de que Hebi y Doku se quitaran los zapatos para estar más cómodos, se dirigieron al comedor que tenía la mesa ya preparada. Sólo faltaba poner la comida. La mesa era grande, lo suficiente para todos. Naruto, con ayuda de Kanda, fueron sirviendo la comida. Había más o menos de todo: carne, algo de ensalada y lo que no puede faltar, ramen. Todo tenía una pinta excelente, seguramente la habría preparado Kushina. Al lado izquierdo de Hebi estaba sentado Sai, y al lado derecho, Daichi. A su vez, Sai estaba al lado de Doku. Naomi al lado de su hermano, Kiba al lado de Naomi, Miu al lado de Kiba y a su vez junto a Gaara, y finalmente Kanda junto a Naruto, que estaba al lado de Sasuke. Para terminar, Daiki estaba junto a Hinata, que a su vez estaba con Kagura.Según se sirvieron la comida, Hebi y Doku empezaron a comer con muchas ganas, como si fuera a acabarse la comida. Todos se quedaron sorprendidos de cómo comían.

-Va-vaya...¿Coméis tanto, y sois delgados..?- Preguntó Naruto, mirándoles sin borrar su asombro.

-Eso es muy sencillo de explicar en el caso de Hebi, Naruto.~- Dijo Sai, alzando un dedo y mostrando aquella sonrisa de siempre. -Lo que Hebi no engorda, lo tiene en sus pech-- Sai se cayó de golpe, retorciéndose levemente de dolor. Incluso había soltado el cubierto de golpe. La peliazul le estaba pellizcando la espalda con fuerza.

-¿Qué ibas a decir...?- Dijo la joven, pellizcándole. Cuando vio que éste negaba, le soltó. Todos se quedaron abrumados por aquella escena, excepto Doku. Éste ya estaba..acostumbrado, a la agresividad de Hebi.

-Da..da miedo.- Dijo Kiba, mirándola con la misma expresión que los demás. Al poco, rieron levemente y siguieron comiendo. Hebi vio que a Sasuke le quedaba el último trozo de carne, que éste estaba dividido en dos. Estiró el brazo y le quitó un trozo, comiéndoselo.

-¡O-oye! ¡Devuélveme mi carne!- Exclamó Sasuke, de los nervios. Hebi, con el trozo de carne en la boca, sonrió un tanto malévola. Al final, después de tanto comer, acabaron. Todos estaban totalmente llenos y a gusto. Entre todos recogieron la mesa, y después de recogerla fueron al salón. El rubiales estaba ansioso por jugar a los videojuegos, adoraba el juego de peleas que tenía.

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